El ADIF, la Xunta y el Concello negocian otra vez la ejecución de la futura estación
05 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Negociación es hablar de negocios. Hay políticos que lo toman tan al pie de la letra que comienzan a transaccionar en los mercados de las gúrteles, púnicas, eres, locales paelleros y hasta rompen, cabreados, discos duros cuando la negociación no va bien. Pero no, el negocio político es más ciudadano y, por tanto, todo lo que va en bien de la comunidad es más compartido. ¿Y por qué no compartir entonces el proyecto de una hermosa estación intermodal en el Hórreo? Los negociadores se han sentado de nuevo a la mesa para intentar buscarle los perfiles a la nueva área ferroviaria, con un punto de arranque: una parte ya tiene la rúbrica definitiva, la otra la va a tener pronto y las costosas rebañaduras del proyecto le corresponden al Concello. Y ese conjunto urbanístico habrá de tener unas costuras o unos costurones, según cómo actúen los administradores y cómo lo plasmen en el convenio triadministrativo. Si tienen una visión de negocio ciudadano, tanto para los viajeros como para la urbe compostelana, puede salir un proyecto primoroso. Hombre, hay que abrir algo la mano y tacañear menos con el erario, sin llegar al listón de otros grandes municipios.
Por lo de pronto, el diseño que el ADIF ha desplegado sobre la mesa de sus dos invitados (Xunta y Concello) mantiene la barrera ferroviaria. Los viandantes no tienen nada que husmear por allí, salvo que se metan en las entrañas de la estación para subir a los medios de transporte, despedir a deudos o amigos, tomarse un café o curiosear en los paneles de horarios. Pero no para callejear como si no existiese el entramado ferroviario. Xunta y Concello, a la manera de cada uno, le han soplado a la gente de Ana Pastor que la remodelación del área intermodal tendría mejor colofón con un pasaje peatonal. Una senda cubierta del Hórreo a las Brañas, con transbordos intermedios, que permita verle el lomo a los trenes.
Parece que la idea ha vibrado ya en la fibra sensible de Fomento y los transeúntes podrían ver permeabilizado su trayecto. Si cayó el muro de Berlín no parece tan complicado que caiga el del Hórreo. Cuando las Brañas se conviertan en el anhelado parque ciudadano, verán cómo el paseo elevado de la estación competirá con el térreo de la Alameda.
Y, desde luego, es preciso lograr que la conjunción de soluciones en la explanada intermodal sea mínimamente convincente en el plano funcional, estético y ciudadano. Tampoco se le pueden pedir peras al olmo con lo que rezuma de las arcas, pero una vez que la coordinación parece al fin encarrilarse, debe triunfar la armonización urbana de ese espacio con el encaje de todas las piezas deseadas. Y si Raxoi tiene posibilidad de llevar el timón del proyecto, como auspician Xunta y ADIF, habrá de saber manejarlo.