«Fosa común», el lugar del olvido

SANTIAGO

Javier Pastor presentó ayer en Santiago su última novela, «Fosa común»
Javier Pastor presentó ayer en Santiago su última novela, «Fosa común» . < / span>sandra alonso< / span>

Javier Pastor presentó su novela, en la que su protagonista cuenta la transición vista desde el presente

30 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El escritor madrileño Javier Pastor visitó Santiago para presentar su última novela Fosa común, en la que Arzain echa la vista atrás para recordar «desde otra perspectiva los años de la transición democrática, que vivió cuando era un adolescente que despertaba al amor, al sexo, a la amistad» sin estar, entonces, aparentemente preocupado por lo que ocurría a su alrededor. Pastor reconoce que el tema «está de actualidad, por el eslogan de la segunda transición que se arrojan como una pedrada los políticos unos a otros». Si bien «creo que se equivocan los que hacen un discurso de santificación de aquella transición que, dadas las circunstancias se hizo lo mejor que se pudo, pero quizás la exacerbación de los nacionalismos venga de problemas arrastrados y de pactos contra natura, como los que hizo el PSOE que prefirió pactar con nacionalistas de derechas muy alejados de sus ideas para que no pactara la propia derecha».

En las páginas de Fosa Común, la violencia «está presente de diferentes maneras, entre discípulos, escolares, de género». Es el momento del «desmoronamiento del Franquismo, las primeras elecciones, los continuos atentados de ETA en un ambiente de miedo, esperanza y desconcierto».

Para escribir el libro, el autor realizó una investigación del caso del asesinato en 1975 de una mujer y sus cuatro hijos, a manos del marido y padre, capitán del ejercito. «Me gustaría pensar que, a pesar de que las cifras de mujeres asesinadas sigue siendo intolerable, se han puesto mecanismos para acabar con la violencia contra las mujeres», apunta Pastor. Recuerda que, en la época en que está ambientada la historia, «esta mujer no tuvo la ayuda de la policía, y probablemente le dijeron que volviera a casa y que aguantara, «porque algo haría»; y su madre, si fue a ella, le diría que ella también sufrió lo mismo. Era absolutamente cruel, pero muchas mujeres ni siquiera eran conscientes de ser maltratadas».

El título del libro, que sembró dudas en su editor, «al que le prometí dejar claro que nada tenía que ver con las fosas comunes del Franquismo, que aparecen al final del libro en un contexto determinado, alude a ese lugar de la memoria en el que ocultamos los recuerdos que queremos olvidar», pero al que se recurre para «rememorar episodios de nuestra vida, que recordamos con diferentes matices, donde se guardan diversas versiones de la misma historia. Es la fosa del olvido».