El dueño del mesón Rey David, situado en la calle Alfredo Brañas, es testigo privilegiado de la huella de los universitarios en el Santiago de los años 90, cuando aquí vivían más de 40.000. José Tomé habla de una época dorada de los estudiantes, los cuales cada día se acercaban a su negocio a disfrutar de su amplio menú o, simplemente, a pasar un rato agradable. Tomé asegura que la situación actual es muy diferente porque «la crisis se nota muchísimo en el sector hostelero», afirma. «Hace unos años preparábamos doscientos menús para el comedor de la facultad de Medicina, y hoy en día no llegamos a los 80». A pesar de todas estas objeciones, el hostelero se muestra optimista y defensor de la perpetuidad de su negocio: «Nosotros nos movemos en lo nuestro, en lo que sabemos hacer, nunca podríamos hacer un menú de diseño, por requiere una mano de obra demasiado cara y sería arriesgarnos». Pese a los contratiempos, José asegura que seguirá luchando por su negocio.