«Pasamos moito medo, porque o lume estaba todo ao redor de nós». Con esas simples palabras, el párroco de Figueiras sintetiza el horror vivido el pasado martes en esta parroquia de Santiago situada en la falda del Pedroso. Siguiendo la estela de monte carbonizado se llega hasta el lugar de Folgoso. Un aro negro y gris rodea la casa de un vecino que prefiere no dar su nombre pero que tiene claro que el incendio fue provocado. No en vano, se hallaron artefactos incendiarios cuyo fin era permitir al criminal causante del fuego huir de la zona antes de que comenzaran las llamas.
«Este monte arde cada tres anos, é matemático», explica y cuando se le pregunta que por qué apunta: «A ver, eu non teño ningunha proba, pero si a miña opinión, que é que debe de ser un cazador resentido, porque aquí pasamos tres anos preparando o monte para recuperalo para a caza e ¡zas!, outra vez a empezar».
La ley exige que en un monte que ha ardido no se pueda cazar en el plazo de tres años. Justo el tiempo que había pasado desde el último fuego en este monte, de ahí las sospechas de este vecino de Folgoso, que también cree que de nada vale que haya una ley que impide que haya árboles cerca de las casas «se logo avisas aos veciños e ao Concello e ninguén cumpre nada nin fai nada», se lamenta.