Belén García ha reanudado la actividad tras remodelar el inmueble
18 ago 2013 . Actualizado a las 11:24 h.Ranas en un diminuto estanque, el cantar de los pájaros y hasta el kikirikí de un gallo reciben al visitante que se acerque a la casa rural A Ribeira do Tambre, ubicada en un enclave privilegiado de la comarca de Santiago, a menos de un kilómetro del campo de golf de Ameixenda, de la playa fluvial de Tapia y a media hora en coche de la praza do Obradoiro.
En la comarca abundan los hospedajes rurales, pero pocos, poquísimos tan conocidos como este. Pero no por nada agradable, sino porque en en la madrugada del 7 de abril, el inmueble quedó literalmente destrozado como consecuencia de lo que en el argot adolescente se llama una fiesta Proyect X.
Las imágenes de los espaguetis dentro de la lavadora, las sillas rotas y las puertas partidas en dos corrieron por las redes sociales como la pólvora y se quedaron en la retina de muchos. Pero todos deberían ir olvidándolas una vez que se visita la misma casa, que ahora es otra muy distinta. También lo es su propietaria, Belén García, que optó por emular al ave Fénix y resurgir de sus cenizas. «No guardo rencor a nadie, me quedo con la colaboración de las personas que me llamaron para ofrecerme ayuda y que incluso me regalaron cosas para la casa». También resalta el buen trato que recibió del Concello de Negreira y de la Guardia Civil, sin olvidar a la red de casas rurales, que han aprovechado la experiencia para redactar un protocolo de actuación para situaciones similares. E incluso han detectado peligrosas lagunas en los seguros que los propietarios tenían suscritos y que, explica Belén, no cubren destrozos ocasionados por los clientes, aunque sí actos vandálicos. Por este motivo, el del sector negocian en bloque una solución que aún no ha cuajado.
«Hay cosas irrecuperables, como la parra y algunas piezas de la gramola antigua»
Lo que si ha logrado Belén es empezar con el mejor pie posible porque, explica, «ninguno de los clientes de estas últimas semanas se cree que esta sea ahora la casa rural destrozada de A Baña». Y eso que aún no ha terminado de decorarla, porque, teoriza «no se trata de comprarlo todo en bloque».
La casa mantiene intacta sus estructura pero ha cambiado los muebles y la pintura, adaptada a la moda de los dos tonos. Pero hay pérdidas dolorosas, ya que una de las cosas que echa de menos y que no pudo recuperar fue una frondosa parra. Tampoco parte de las piezas de la antigua gramola que luce en la entrada. Lo que sí se ha salvado es la talla de piedra de un San Antonio que pertenecía a la casa.
Atrás queda ese día y las sucesivas anulaciones de reservas, incluida una para esta época del año. «Era una familia de 16 personas de Sevilla que se asustó al ver todo aquello». Ahora se arrepentiría.