La tragedia golpeó ayer en Santiago, pero sobre todo lo hizo en el barrio de Angrois, donde los vecinos se volcaron para prestar su ayuda en las labores iniciales. El tremendo ruido que provocó el descarrilamiento del tren los sacó de sus casas y los dirigió inmediatamente hacia las vías. A otros los guiaron directamente las sirenas de los servicios de emergencia.
Ayer se quedaron sin palco, pero no era eso, ni de lejos, lo que les preocupaba. Si cualquier residente de la zona hacía mención a ello era para evidenciar la magnitud del impacto que sufrió el tren, porque el vagón que se empotró contra él tuvo que elevarse varios metros para llegar a ese punto, indicaban unos vecinos que se volcaron totalmente, tanto los que bajaron a las vías para ayudar con los heridos -igual para desalojarlos como para acompañarlos- como los que respondieron a las llamadas de los servicios de emergencia y de seguridad para llevar mantas -llegaron por decenas- así como tablones, agua y, más a última hora, incluso linternas. «Todo era pouco», decía uno de los residentes que ayudó hasta que las autoridades le dijeron que, con los heridos todos ya fuera de los vagones, no era precisa su asistencia.