La clave está en el «saber hacer»

m.m. santiago / la voz

SANTIAGO

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Alimentación María (1953). María Regueiro cogió el relevo a los fundadores hace 18 años. Mónica Ferreirós< / span>

Los comerciantes aseguran que su supervivencia se basa en la honradez

28 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Uno de los gremios que mejor retratan el comercio tradicional es el de los ultramarinos. En estos locales se pueden comprar legumbres envasadas o a granel, chocolates y especies artesanales, chorizos caseros, quesos del país, vino y licores y un sinfín de productos con la garantía de la proximidad y calidad.

Sus clientes, como se puede comprobar, no son solo personas mayores fieles a una amistad fraguada con los años. Acuden vecinos que compran aquello que echaron en falta justo cuando empezaban con la elaboración de la comida y jóvenes que descubrieron no solo la calidad de los productos sino también y, lo que pueda parecer más sorprendente, unos precios competitivos. A los ultramarinos se aproximan clientes de todo Santiago, que acuden con cierta regularidad para comprar unas galletas concretas, el chocolate artesanal Raposo, el queso fresco recién llegado de Arzúa, un vino bueno a buen precio y legumbres castellanas. Y, por supuesto, las especies artesanales para callos o cordero.

Las especies y los chocolates son dos de los productos más característicos de los viejos ultramarinos. Todos dicen tener la «mejor receta» pasada de generación en generación. El truco es «saber mezclar la cantidad exacta. Yo la preparaba con mi padre y mi padre con el suyo. Ese es el truco», comenta Luis, de Ultramarinos Cotos. En este establecimiento hay un reloj de 1867 que podría marcar «la antigüedad del negocio». Los Cotos vendían en San Bieito y por las aldeas con una camioneta. Con la llegada del primer supermercado -San Antonio, en O Toural, abrió en 1964- tuvieron que reinventarse. «Es cuestión de especializarse», dice Carmen, de Ultramarinos Carro, que asegura ser el más antiguo de Santiago. Actualmente su negocio, fundado por Tomás Carro, abuelo del marido de Carmen, se ha especializado en vinos, licores, dulces y quesos. «Pero no solo para turistas, eso en verano; el resto del año vivimos de la gente de Santiago», apunta.

Ahora, cuando a su alrededor cierran establecimientos modernos y avalados por estudios, estos comerciantes representan un ejemplo de resistencia y, sobre todo, demuestran que la «experiencia comercial está por encima de cualquier estudio de mercado. Yo sé lo que quieren mis clientes. En el supermercado, la oferta está en la cabecera y algún producto concreto para que piques. Competimos mejor de lo que parece», José Luis, de Ultramarinos Cepeda.

«Hay que ser honesto, no puedes engañar al cliente. Mis precios son los mismos para todos. Tengo clientes que vienen un año y, vuelve al cabo de un tiempo, y recuerdan que estuvieron», comenta Carmen, de Recouso. María, de Alimentación María, se sincera: «Resistimos... resistiendo. Pero no olvides que compras lo que necesitas. Podemos no comprar ropa y calzado, que tenemos de más, pero la alimentación es básica y aquí vas a lo que precisas, no te lías en pasillos. La calidad y el precio son los trucos y la honestidad esa es la clave».

en directo en los ultramarinos de siempre