Un festival que echa raíces

lorena franco bouza SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

El ritmo no dejó indiferente al público.
El ritmo no dejó indiferente al público. álvaro ballesteros< / span>

El público respondió a la llamada de la música y se animó a bailar con las actuaciones

29 ago 2012 . Actualizado a las 11:22 h.

Si algo no logró el Certame Folk fue mantener los pies del público anclados inmóviles al suelo de A Quintana. Tras una celebrada actuación de la charanga O Recobio de Vaamonde, que consiguió captar la atención de numerosas personas al pie de la Puerta Santa, resistirse al ritmo patrio fue imposible.

Carapaus, el grupo encargado de inaugurar el escenario del festival alrededor de las 19.30 horas, consiguió hacerse con las primeras filas de espectadores ya desde los golpes de gaita iniciales y los bailes entre los asistentes, que se organizaron en improvisadas ruedas a pie de palco, no tardaron en llegar. La estampa se repitió durante el resto de actuaciones musicales. Los ritmos más tradicionales de Saltanocribo, los toques innovadores de Pablo Seoane Grupo y la reputada experiencia de los internacionales Kérkennai consiguieron que el ánimo de la gente congregada en la plaza hasta pasada la medianoche no decayese.

De eso se trataba, de ceder el protagonismo al pueblo, de dejar que la gente dirigiese la fiesta. La intención era buena, la gente captó la idea y la inmensa mayoría del público atendió a la llamada de la música, adueñándose de A Quintana y convirtiéndola en una pista de baile que ya la quisieran muchas discotecas para sí.

También los peregrinos que por allí pasaban se dieron por aludidos y se animaron a participar en la fiesta. Así por lo menos lo hizo Barbara Biscaglia, una peregrina llegada desde Turín. «Parece un concierto hecho para nosotros, los peregrinos», afirmó la joven italiana que se mostró emocionada con esta iniciativa de La voz de Galicia, pues al parecer los ritmos gallegos le evocaban la música de su tierra. Un síntoma más de que las raíces, ya sean gallegas o italianas, crecen profundas bajo la superficie y al igual que las de los árboles, acaban por extenderse y convertirse en una red universal que todo lo une.

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