Es difícil hacer más. El Lobelle viene de competir a un altísimo nivel en la Copa de España. Exigió la mejor versión de un Barça que necesitó la prórroga para llevarse el título. Ni el Inter Movistar en semifinales ni el Caja Segovia en cuartos de final le pusieron las cosas tan difíciles al colectivo de Marc Carmona.
El equipo de Tomás de Dios es cuarto en la Liga, pese a caer el sábado frente al Carnicer. Y está en semifinales de la Copa del Rey junto con los tres grandes presupuestos: Barcelona, Inter Movistar y ElPozo Murcia.
Por su trayectoria, por su trabajo, por su apuesta por la cantera, por su capacidad para sobreponerse a bajas tan importantes como han sido las de Alemao, Pola y Rafael... Por todo lo que se quiera poner encima de la mesa, el club se ha granjeado la simpatía y la admiración de sus seguidores y de otras aficiones. Porque siempre compite, y no es fácil.
Pero tiene una asignatura pendiente. No consigue traducir toda esa corriente de simpatía y reconocimiento en un incremento de su masa social. La entrada del pasado sábado ante el Carnicer generó un poso de decepción, porque se esperaba algo más del impulso de la Copa.
Y esta tarde toca un nuevo examen. Son semifinales de la Copa del Rey ante un rival de enjundia. Y que sea día del club no vale como excusa, porque hasta en eso es modélico. Jamás ha abusado de su gente.