El peso de la nómina funcionarial y del vigoroso sector turístico es el principal componente de este blindaje que, pasadas las alegrías del Xacobeo, se ha demostrado pura ilusión
06 feb 2012 . Actualizado a las 07:07 h.Compostela nunca fue una isla de bienestar en medio de una Galicia sometida a los embates de las crisis, pero sí ofrecía eso que los optimistas llaman plus de resistencia cuando se esfuerzan por hacer una lectura -por lo general política- del lado menos malo de las consecuencias de la recesión. El peso de la nómina funcionarial y del vigoroso sector turístico es el principal componente de este blindaje que, pasadas las alegrías del Xacobeo, se ha demostrado pura ilusión. Solo hay que fijarse en el galopante incremento del desempleo para constatar, sin llegar a levantar el acta dramática de las muy pobladas colas de los comedores sociales y de los almacenes contra la emergencia social, que la capital gallega está muy tocada por el estado general de inanición económica o porque se ha dejado llevar por el pesimismo paralizante. Lo que no es de extrañar, cuando ya ni los empleados públicos se sienten a salvo del paro y les espera un tijeretazo a sus bolsillos.
Santiago ha perdido cotas de bienestar respecto a Galicia. La capital gallega conservó en el 2010 el liderazgo de la renta media por familia, con 2.419 euros, frente a 1.931 del conjunto de la comunidad. Pero eso no oculta un incremento del paro registrado del 42 % desde diciembre del 2008 a enero del 2012, una evolución similar a la de Galicia. Salvedades estadísticas aparte, la EPA es mucho menos benévola, al cifrar en el 8 % la tasa de paro en el primer trimestre del 2010 (15,5 % en Galicia) y en el 17,4 % (18,3 % la tasa gallega) en el último del 2011.
La destrucción de empleo en el sector servicios dispara estas cifras hasta extremos no justificables por la resaca de un Xacobeo. Mal vamos entonces, porque nos espera una larga travesía del desierto. El hundimiento de la rentabilidad de los hoteles de Santiago por el desplome del turismo arrastró su empleo, que cayó más de ocho puntos y situó a la capital a la cola de los destinos urbanos españoles. El sector lanza un SOS y da las claves de lo que la Administración debe hacer: una política aeroportuaria que potencie a Lavacolla como terminal central de Galicia y una promoción apoyada sin ocultamientos en Santiago como primer cartel turístico de la comunidad.
En espera de que los nuevos polígonos industriales transformen el erial en factorías de empleo, lo que no ocurrirá sin mejores expectativas económicas, la actividad comercial de Santiago da otra medida real de la situación. Ya bajan la verja incluso establecimientos que han sido referencia en las mejores calles de la ciudad.