Diagnósticos sobre el paro

La Voz

SANTIAGO

Sabemos desde hace años que quienes emplean trabajadores y, por tanto, quienes crean puestos de trabajo, son los empresarios. Los Gobiernos pueden ayudar a crear condiciones más o menos favorables agilizando trámites, quitando trabas, estableciendo beneficios fiscales, pero no crean empleo (aparte, claro, del empleo público). Por eso, mientras a todos se nos piden sacrificios, a los empresarios habría que pedirles no un sacrificio, sino un esfuerzo de comunicación para que asuman ante el público esa función propiamente suya en estos tiempos crudos en los que, también sabemos, si no crean empleos es porque no pueden. ¿Para qué? Pues para eliminar falsas creencias, como la de que han sido los políticos quienes han elevado el desempleo del 8 al 22,8% de la población activa en solo cinco años. Achacar el crecimiento explosivo del paro a la política da rendimientos electorales, pero no económicos. Si el diagnóstico no es científico, las recetas no serán efectivas.

A estas alturas hay estudios suficientemente sólidos para saber a qué se debe el terrible hundimiento del empleo en España. Fundamentalmente, a la especialización del tejido empresarial en sectores de baja productividad e intensivos en mano de obra poco cualificada (como la construcción y el turismo), lo que a su vez produjo, en los años de expansión, aumentos muy limitados de la productividad por trabajador; a una peligrosa inclinación hacia la inflación elevada, relacionada también con un bajo crecimiento de los salarios reales, y a la altísima temporalidad de los empleos. Todos estos elementos hacen urgente creerse el mensaje de que hay que ir cambiando el modelo productivo. Deben creérselo, sobre todo, los empresarios que hayan salvado sus capitales de la crisis y aún tengan vocación de producir. Crear empresas que generen bienes o servicios de alto valor añadido no dará rendimientos tan rápidos como dio el ladrillo, pero sí asegurará un futuro más sano que el de aquella ilusión gigante con pies de barro cocido.