M?iren que eran listos Descartes y Spinoza, y que le dieron vueltas a sus ideas opuestas sobre alma y cuerpo y sin embargo aún hoy los filósofos y los escritores de cartas al director siguen discutiendo sobre el viejo dilema. Lo mismo ocurre con muchas otras cuestiones, se trate del Madrid-Barça o de las políticas de fomento del empleo. Estamos condenados al pensamiento circular y a ir y venir como el péndulo.
Incluso es circular el pensamiento y las propuestas sobre la crisis, por más que se hayan revolucionado los sistemas de comunicación y que su causa original esté en la corrupción de fórmulas de inversión financiera inventadas después del año 2000. Rebuscando en la hemeroteca, aparece un artículo publicado hace veinte años, en el célebre 1992. El autor es Camilo Nogueira. Entre otras muchas cosas, dice: «Pouco importa, parece, que a converxencia macroeconómica esixida polo Tratado de Maastricht afecte basicamente a cuestions como os niveis de déficit e da débeda pública (...), que non determine, polo tanto, as políticas gubernamentais sobre a economía real: a base produtiva industrial, as infraestruturas, a creación de emprego, a calidade e a extensión dos servizos públicos. Maastricht e a madrastra Europa sirven de disculpa para todos os erros gobernamentais. O Goberno do Estado non ten interese en lembrar que o crecente déficit do Presuposto é debido en grande medida ao despilfarro do gasto e a ineficiencia das decisións políticas tomadas durante moitos anos: o saneamento da banca privada a costa dos recursos públicos (...); a escandalosa duplicación da Administración mantendo estructuras centrais innecesarias dada a presenza das autonomías (...); a incentivación do traballo eventual; decisións todas elas que explican o que pasa con máis certeza que o acontecido na bela cidade do Mosa». Cambiemos Maastricht por Merkozy y tendremos los mismos problemas, las mismas excusas y la misma falta de soluciones. ¿Conclusión? Poca cosa: que veinte años no es nada.