Distopía, democracia

La Voz

SANTIAGO

15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Vivimos encandilados por la novedad. A algunos esto les revienta, porque estar al tanto de lo que viene nos lleva a olvidarnos de mejorar lo que hay. La tele nos explicaba el otro día una palabra moderna: distopía, el estado de cosas en el que vivimos, cuando ya no prevemos un futuro mejor, sino peor, lo contrario de la utopía, concepto esperanzado que aunque se conjuga en futuro se ha quedado viejo.

En la desesperanza encaja la entrevista que Jordi Évole le hacía hace un par de meses a Alfredo Pérez Rubalcaba. «¿Es usted de izquierdas?» «Sí». «¿Le está costando mucho ser de izquierdas en estos tiempos?» «No... No». «¿Por qué no pincharon antes la burbuja inmobiliaria?» «Empezamos,pero lo hicimos muy lento. Y ¿por qué?, pues porque todos vivíamos bien con la burbuja, todos. Los hospitales que hemos hecho, las carreteras que hemos hecho, en parte los hicimos con dinero de la burbuja, lo que pasa es que era insostenible». Pues muy bien. Próximamente dirigirá la renovación de su partido, de izquierda por definición.

Izquierda y derecha también son términos usados. Y democracia, ¿es palabra de segunda mano? Parece que sí, y sin embargo es tan novedosa para nuestra sociedad que aún no hemos desentrañado su contenido. A las viejas monarquías les teníamos cogido el truco. Quevedo, en la crisis (con hambre) de mediados del siglo XVII, dirigía un memorial a Felipe IV que nosotros no somos capaces de hacer llegar a nuestros democráticos dirigentes de hoy:: «A cien reyes juntos nunca ha tributado / España las sumas que a vuestro reinado / Y el pueblo doliente llega a recelar / no le echen gabela sobre el respirar». Cien años antes, en Inglaterra, Tomás Moro escribía: «Cuando uno vive solo en el lujo y los placeres mientras a su alrededor todo son lamentos y gemidos, está cuidando una cárcel y no un reino. (...) Quien no sabe mejorar la manera de vivir de sus súbditos sino privándolos de todas las comodidades de la existencia, carece del derecho de gobernar hombres libres».