daniel rodríguez dice que hasta han provocado algún accidente de tráfico por despistes de los conductores al quedarse mirándolos y que su cota máxima está en los 80 metros de un edificio de Madrid. A su compañero Elías Rodríguez Malga incluso lo auxiliaron desde una ventana
11 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Suelen mirar al resto de los mortales muy por encima del hombro, pero no es que sean soberbios, sino por el simple hecho de que trabajan en las alturas. Aunque nunca fueron ángeles, están más cerca del cielo que la mayoría de los comunes. Se cuelgan de los edificios como los murciélagos lo hacen de las vigas. Daniel Rodríguez Macey (34 años) es uno de los componentes de esta especie de Equipo A de los trabajos en vertical que se denomina Verti en Altura, con sede en Meira (Moaña), dentro del área metropolitana de Vigo. Siempre acuden prestos a una simple llamada telefónica.
Macey lleva siete años en este oficio y se bautizó con una empresa pionera de la ciudad olívica en estas lides. «Fue una gran experiencia, porque yo venía de la hostelería. Empecé echándole una mano al jefe, sobre todo en la labor de la pintura, hasta que decidí colgarme, y me enganchó», afirma. De todos modos, dice sentirse más a gusto en los patios de luces que cuando se cuelga en las fachadas, «porque no es lo mismo verte entre cuatro paredes que suspendido en el aire sobre la gente y los coches. La impresión es muy distinta, aunque la altura sea la misma, de 30 metros o más». Al preguntarle si nos ve muy pequeños desde tan arriba, asiente con una sonrisa. «La verdad es que sí. Sobre todo si es desde 80 metros, que marca mi techo hasta el momento en altura. Fue cuando trabajé en un edificio del paseo de Alfonso XII de Madrid. Estuvimos arreglando unos ventanales, para repararles el aluminio y ponerles los cristales. Se ve a la gente más pequeña que las piezas del ajedrez», explica.
Daniel Rodríguez Macey sabe que se sienten observados, pero tampoco le afecta. «En calles muy céntricas, como Príncipe o esta misma de García Barbón, en Vigo, somos un auténtico espectáculo. Incluso no es la primera vez que, sin quererlo, provocamos un accidente de tráfico. Los automovilistas también se ponen a mirar hacia arriba y, en la plaza de Isabel la Católica, presencié un choque porque se despistó un conductor al fijar la vista en nosotros», relata.
El debut
A Elías Rodríguez Malga (23 años) tampoco lo hubiese contratado Alfred Hitchcock, porque le hubiese arruinado su película Vértigo. Es el más joven del grupo y se siente casi tan seguro colgado de los edificios como cuando de niño se encaramaba hasta la copa más alta de los árboles. «Debuté con Martín Pereira, que sigue siendo el jefe de nuestro equipo, aunque yo antes trabajaba en una empresa de automoción. Nunca le he tenido miedo, pero sí mucho respeto», manifiesta.
De momento, su Everest de hormigón son edificios de 11 pisos, es decir algo más de 30 metros de altura. «Hice trabajos en altura en Santiago, Nigrán, Pontevedra y Vigo, pero aún no debuté en Madrid», señala. La mayoría de los obras que ha realizado tienen que ver con la albañilería. Prefiere el sol a la lluvia y mejor por la mañana que de tarde. «Puedo aguantar colgado unas tres horas seguidas, porque más tiempo ya tira de la espalda y de las piernas», afirma.
sin vértigo
Al igual que su anterior compañero, también practica el fútbol, junto con algún otro deporte. «Hay que estar en forma», advierte. Su único susto fue un edificio de la calle Venezuela en Vigo, porque al tensar la cuerda le dio un pequeño tirón, cuando estaba colgado desde un octavo piso. «No me dio tiempo ni de exclamar ¡uf! Fue la misma sensación que cuando vas en un avión y baja de golpe», explica. También cuenta a modo de anécdota que la gente se desvive con ellos cuando están en las alturas: «En un edificio de Bouzas me corté un poquito en un dedo y una mujer me pasó el agua oxigenada y el Betadine desde la ventana».
Por Xulio Vázquez