«Fago este traballo encantada, non é unha escravitude»

Nacho mirás SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Llueva o truene, ir al cole a diario es una misión que se cumple puntual

04 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Olga Rivas, 75 años

Andrés, 6 años. Su abuela es quien lo lleva todos los días al cole y su madre la que lo va a buscar. Claro que siempre puede haber un imprevisto, pero con eso ya se cuenta. Olga está encantada con un trabajo que no ve como tal, incluso cuando el niño se hace el remolón.

Normalmente es la madre de Andrés la que se encarga de ir a buscarlo al colegio, el Pío XII, entre el Campus Vida y San Lourenzo, un centro enorme, el más grande de Santiago, que se pone imposible en sus accesos cuando llegan o se van sus 675 alumnos. Pero el viernes hubo un imprevisto, así que a Olga Rivas, la abuela de Andrés, le tocó cubrir la ausencia de mamá. En el trayecto que sí tiene plaza fija esta vecina de Santiago de 75 años es en el de ida al centro escolar todas las mañanas, llueva o truene, con los minutos muy medidos para llegar puntuales a clase a las nueve de la mañana.

Andrés tiene seis años y, mientras la abuela habla con los periodistas debajo del paraguas, él juega, lleno de energía, con un amigo. «Eu fago este traballo encantada», dice Olga, que no ve realmente que llevar a su nieto al cole sea una misión que la esclavice, ni mucho menos. Como todos los que tienen niños a su cargo, a ella también le toca de vez en cuando meterle prisa al pequeño, sobre todo esos días en los que se hace el remolón para desayunar o para vestirse; como todos. Pero siempre llegan puntuales, es una responsabilidad que se toma muy en serio, como no podía ser de otra manera.

Mientras Andrés corretea arriba y abajo, su abuela carga con la mochila de los libros, convenientemente estampada con los colores del Fútbol Club Barcelona. Olga es una de tantas abuelas y abuelos que, durante el curso escolar, tienen un cometido por el que no reciben más pago que la satisfacción de ayudar en la familia. Y, como muchos, ella tampoco se considera esclavizada, ni explotada, ni nada parecido.

Lo cierto es que resulta imposible encontrar a un solo abuelo dispuesto a declararse, al menos públicamente, esclavo de sus nietos. Son muchos, sin embargo, los que argumentan abiertamente que estos recorridos fijos, de casa al cole y del cole a casa, les reportan más beneficios que inconvenientes, sobre todo entre los abuelos de más edad. Por el contrario, no quieren ni pensar en la idea de pasarse el día en casa, delante de la tele, sin un objetivo diario que cumplir. La relación tiene además un componente casi mágico.

olga rivas abuela y cuidadora