Las diferentes formas de dirigirse a la persona amada

La Voz

SANTIAGO

1. ¿Qué es el amor?

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor suave,

olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño:

esto es amor: quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde, con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero paroxismo,

enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, este es su abismo.

¡Mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!

Francisco de Quevedo

Los invisibles átomos del aire

en derredor palpitan y se inflaman,

el cielo se deshace en rayos de oro,

la tierra se estremece alborozada.

Oigo flotando en olas de armonías

rumor de besos y batir de alas;

mis párpados se cierran? ¿Qué sucede?

¡Es el amor que pasa!

Gustavo Adolfo Bécquer

2. Declaraciones de amor

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,

jugueteando como un animalillo en

[la arena

o iracundo como órgano tempestuoso;

te lo he dicho con el sol,

que dora desnudos cuerpos juveniles

y sonríe en todas las cosas inocentes;

te lo he dicho con las nubes,

frentes melancólicas que sostienen

[el cielo,

tristezas fugitivas;

te lo he dicho con las plantas,

leves criaturas transparentes

que se cubren de rumor repentino;

te lo he dicho con el agua,

vida luminosa que vela un fondo de

[sombra;

te lo he dicho con el miedo,

te lo he dicho con la alegría,

con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:

más allá de la vida,

quiero decírtelo con la muerte;

más allá del amor,

quiero decírtelo con el olvido.

Luis Cernuda

«La realidad y el deseo» (1936)

XANEIRO 1972, II

Cando quero vivir

digo Moraima.

Digo Moraima

cando semento a espranza.

Digo Moraima

e ponse azul a alba.

Cando quero soñar

digo Moraima.

Digo Moraima

cando a noite é pechada.

Digo Moraima

e ponse a luz en marcha.

Cando quero chorar

digo Moraima.

Digo Moraima

cando a anguria me abafa.

Digo Moraima

e ponse a mar en calma.

Cando quero surrir

digo Moraima.

Digo Moraima

cando a mañá é crara.

Digo Moraima

e ponse a tarde mansa.

Cando quero morrer

non digo nada.

E mátame o silencio

de non decir Moraima.

Celso Emilio Ferreiro

«Onde o mundo se chama Celanova» (1975)

2. El amor manifestado desde la tristeza el desengaño

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo

[refrenaban

tu hermosura y mi dicha al

[contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros

[nombres?

ésas? ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más

[hermosas

sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día?

ésas? ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar,

tu corazón, de su profundo sueño

tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas,

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido?

[desengáñate,

así? ¡no te querrán!

Bécquer («Rima LIII»)

3.La mujer deja de ser un objeto erótico

Libre te quiero,

como arroyo que brinca

de peña en peña.

Pero no mía.

Grande te quiero,

como monte preñado

de primavera.

Pero no mía.

Blanca te quiero,

como flor de azahares

sobre la tierra.

Pero no mía.

Pero no mía

ni de Dios ni de nadie

ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo

(«Canciones y soliloquios», 1982)

4. La persona amada

Perdóname por ir así buscándote

tan torpemente, dentro

de ti.

Perdóname el dolor, alguna vez.

Es que quiero sacar

de ti tu mejor tú.

Ese que no te viste y que yo veo,

nadador por tu fondo, preciosísimo.

Y cogerlo

y tenerlo yo en alto como tiene

el árbol la luz última

que le ha encontrado al sol.

Y entonces tú

en su busca vendrías, a lo alto.

Para llegar a él

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies,

en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo

de ti misma.

Y que a mi amor entonces le conteste

la nueva criatura que tú eras.

Pedro Salinas

«La voz a ti debida» (1933)

Quien ama quiere descubrir todo el potencial interior de su pareja

Sed de amores tenía, y dejaste

que la apagase en tu boca,

¡piadosa samaritana!

Y te encontraste sin honra,

ignorando que hay labios que secan

y que manchan cuanto tocan.

¡Lo ignorabas?, y ahora lo sabes!

Pero yo sé también, pecadora

compasiva, porque a veces

hay compasiones traidoras,

que si el sediento volviese

a implorar misericordia,

su sed de nuevo apagaras,

samaritana piadosa.

No volverá, te lo juro;

desde que una fuente enlodan

con su pico esas aves de paso,

se van a beber a otra.

Rosalía de Castro

«En las orillas del Sar» (1884)

En este poema Rosalía de Castro censura el mal proceder de algún amante varón