Tuiteros en la NASA

Solo 150 personas de todo el mundo tuvieron la oportunidad de ver en directo, a cinco kilómetros de distancia, el lanzamiento de la última misión del «Atlantis»


Se calcula que el 8 de julio más de un millón de personas vieron en directo el lanzamiento del Atlantis en la última misión de los transbordadores espaciales de la NASA. Esta vende entradas para ver los lanzamientos desde la llamada NASA Causeway, que es la carretera que une Merritt Island, donde está el centro espacial Kennedy, con tierra firme. A unos quince kilómetros de distancia de la plataforma de lanzamiento en línea recta, eso es lo más cerca que el público en general pudo estar del lanzamiento. Pero 150 afortunados, entre ellos el cronista, tuvimos la oportunidad de ver este histórico lanzamiento desde una distancia de tan solo cinco kilómetros, justo al lado del mítico edificio de ensamblado de vehículos donde se preparaban los transbordadores espaciales para sus misiones.

Muy de cerca

Cinco kilómetros: esta es la distancia mínima de seguridad que la NASA establece teniendo en cuenta que cuando un transbordador espacial está listo para ser lanzado alberga en su tanque de combustible algo más de 500.000 litros de oxígeno líquido y casi 1.500.000 litros de hidrógeno líquido, amén de casi un millón de combustible sólido en los dos propulsores blancos que lleva a los costados el depósito.

De hecho, más cerca que nosotros solo estaban los propios astronautas, evidentemente, y los equipos de seguridad, formados por personal sanitario y bomberos.

Incluso los invitados vip de la NASA estaban como medio kilómetro más lejos, por no hablar de los invitados vip de la Fuerza Aérea, que estaban a diez kilómetros de la plataforma de lanzamiento.

Los que pudimos ver el lanzamiento tan de cerca fue gracias a que tomábamos parte en un NASA Tweetup, que es como la agencia denomina a unas reuniones informales de personas aficionadas a la investigación espacial que viene organizando desde el verano de 2007.

La NASA y las redes sociales

Estos Tweetups se hacen tanto para ver lanzamientos en directo como para visitar instalaciones de la NASA o para compartir una jornada con investigadores y astronautas de la agencia. En nuestro Tweetup tuvimos la oportunidad no solo de ver el lanzamiento visitamos el Edificio de Ensamblado de Vehículos, vimos cómo se abría la Estructura Rotatoria de Servicio que protege al transbordador en la plataforma y tuvimos la oportunidad de hablar con Bob Crippen, el piloto del Columbia en el primer vuelo de un transbordador espacial, con Mike Massimino, uno de los astronautas que llevó a cabo la última misión de mantenimiento del telescopio espacial Hubble, con Douglas Wheelock, que pasó varios meses en la estación espacial internacional, y con Ron Garan, que habló por teléfono con nosotros desde la misma estación. Y eso solo por citar unas cuantas cosas de lo que pudimos hacer en esos dos increíbles días.

La idea de todo esto es utilizar las redes sociales, en las que la NASA está ciertamente muy activa, para hacer llegar a tantas personas como sea posible el mensaje de lo que hace la agencia.

3, 2, 1, ¡Despegue!

A las 17.29.03, hora de España, de aquel 8 de julio, pudimos ver cómo el Atlantis despegaba. Y lo vimos en vivo, no a través de un vídeo, lo que fue una experiencia sin duda muy diferente.

El primer impacto fue el del brillo de las llamas que salen de los motores, mucho más fuerte de lo que podemos ver en televisión, fotos, o prensa, pues ese brillo satura el sensor o la película de cualquier cámara. El segundo fue que durante los primeros instantes pareció como si el lanzamiento fuera silencioso. Diez segundos más tarde llegó el sonido, que fue in crescendo hasta alcanzar una intensidad tal que el aire restallaba, como si sus moléculas no fueran capaces de transmitir más fuerza. ¡Impresionante!

Y un minuto después del lanzamiento llegaron hasta nosotros las vibraciones causadas por este. El suelo se puso a temblar, imagino que de una forma similar a un terremoto, tumbando incluso los trípodes de las cámaras de alguno de mis compañeros, y sacudiéndonos a todos por dentro como si estuviéramos en un concierto, solo que con el volumen multiplicado por mil. Por lo menos. ¡Más impresionante, todavía!

Lo peor, lo poco que duró el lanzamiento: en apenas quince segundos dejamos de ver al Atlantis, oculto tras la capa de nubes bajas que cubría el Centro Espacial Kennedy ese día.

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