17 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
Alrededor de cinco mil aficionados acudieron al Mulitusos de Sar. Y, como el equipo, tardaron en entrar en calor. En la primera parte no hubo murmullo generalizado, pero sí se podían oír algunos comentarios de desaprobación. Quizás el paladar se este volviendo exigente con más antelación de la que preveía Miki Feliu en sus reflexiones previas al encuentro entre el Obradoiro y el Manresa. En cualquier caso, y como tantas otras veces, la hinchada olfateó pronto la remontada en la segunda parte y colaboró poniéndolo todo de su parte. Apareció ese embrujo que relanza al colectivo de Moncho Fernández e hipnotiza al adversario. Sar volvió a ser una caldera, una cascada de emociones. Vibró una vez más.