Alpha Oscar Bravo-Six Zero. Era el indicativo radio que el franquismo asignó a la base (Rite 3, en código militar), nada común para una instalación norteamericana. De ahí las sospechas de radioaficionados que oían a estadounidenses hablar por una estación con apelativo español.
«Escuchábamos a los pesqueros de la zona, pues al principio operábamos en frecuencias cercanas, y ellos enseguida aprovecharon la señal Loran para situarse», dice Wcislo. «Durante el traspaso al nuevo suboficial de la USAF que se haría cargo de Estaca, y una vez que en 1977 rematamos con el Loran A, unos armadores de A Coruña llegaron preguntando por la falta de la señal. Las autoridades españolas no les habían avisado del cese, eran tiempos convulsos. Y algún pesquero tuvo dificultades para dar con el aparejo que había largado con los rumbos de nuestras transmisiones unos días antes».
La Fuerza Aérea estadounidense amplió la dotación por encima de las 20 personas, y construyó más alojamientos e instalaciones deportivas (incluida una de squash, con sauna), levantó la valla perimetral con alambre de espino, reemplazó equipos electrónicos y vehículos, y la gran antena por otras tres más pequeñas de comunicaciones. Reorganizó a su manera una vida apacible que, pasados los años, tuvo momentos de tensión durante las manifestaciones contra las bases y la OTAN, ya en democracia. La Guardia Civil reforzó la base por unos días.
Curiosamente, según reconoce Wcislo, la última misión importante en Estaca se desarrolló durante el primer ataque contra Gadafi ordenado por Ronald Reagan. Entonces el Gobierno prohibió a los aviones de la OTAN con base en el Reino Unido el sobrevuelo de España. Al tener que rodear la Península, la Estaca de Bares se convirtió en el punto clave para guiarlos y servirles de enlace de comunicaciones. Ironías del destino, hoy los aviones españoles participan en la guerra contra Gadafi.
recibiendo a luis roldán
A John Wcislo su dominio del castellano aún le depararía alguna misión curiosa. «En 1990 yo aún pertenecía al servicio de inteligencia y me asignaron a la recepción de unos españoles que venían a conocer el US Coast Guard con vistas a poner en funcionamiento la Guardia Civil del Mar. Allí aparecieron, para acompañarlos a Miami, el director general Luis Roldán, bastante antipático; el muy afable general Galindo y otros como el teniente coronel Yuste».
casi todo saqueado. Apenas queda nada del equipo, solo algunos aparatos