Están muy bien los enlaces peatonales con Gaiás que diseñaron unos arquitectos del Ca Institute. Como decía el hostelero Manuel Vidal, el paseo en Compostela es tonificador del cuerpo y del espíritu. Pero la mayor preocupación ahora mismo es el tránsito de vehículos hacia el sacromonte cultural. Los pelotazos entre el Gobierno central y el autonómico, a menudo sobre la red municipal, tenían pinta de durar como el partido de Mahut e Isner en Wimbledon.
La buena voluntad de las Administraciones es la única capaz de romper un juego tan enrocado, y el otro día José Blanco lanzó al fin su intención de asumir el acceso desde la AP-9 al Gaiás. No es propiamente suyo, pero le hará un hueco en su agenda al lado de la obra principal y la del puente de Rande, bajo el cual se cobija. Pues gracias sean dadas y a acelerar el proyecto, al que las encuestas asignan otro patrocinador estatal a partir de este otoño.
Falta por acordar por enésima vez la iniciativa con la concesionaria de la AP-9 (que quiere ver bien salvaguardada su integridad), consensuar el enlace con la Xunta y licitar los trabajos. Mientras tanto, los únicos que se alegran con la demora en la ejecución del proyecto son los sapos parteros, los sapos corredores, las salamandras rabilargas, los sapillos pintojos ibéricos, las ranitas de San Antón, las ranas patilargas, las ranas bermejas y los demanes de los pirineos. Son las especies protegidas que corretean por el futuro trazado de la obra, según el informe del Ministerio de Medio Ambiente. Pero que nadie se preocupe, que dan su permiso.
También se mueve el metro ligero, que aspira igualmente a llegar hasta los calcañares de la Cidade da Cultura. O al menos ese es uno de los ramales que tienen en mente los responsables autonómicos, con permiso de los redactores del plan de viabilidad. El documento definidor de la red estará listo en octubre. Se lo dijo Agustín Hernández a Gerardo Conde en Raxoi.
Etapas
Plazos tan cercanos animan el cotarro, aunque la señal de meta nadie la divisa aún. Pero todo lo que sea quemar etapas, con la garantía de arrimar luego partidas para el trazado y el servicio es bienvenido. Porque la tentación induce a menudo a archivar este tipo de documentos. En el Concello, por ejemplo, hay un montón de estudios de viabilidad a disposición de los historiadores de Santiago. Y en la Xunta unos cuantos, incluidos algunos de trazados férreos. De ilusiones también se vive, mientras duran. Pero sería atinado ir más allá de la ilusión, porque Santiago es una ciudad a la que le presta realmente bien el metro ligero, según la coincidente opinión de los expertos.
También saluda la capital que se avancen peldaños en el diseño de la carretera del Polígono do Tambre a la carretera de Carballo. Lo deseable es que la avenida de Castelao, que discurre por el medio y medio de un populoso polígono como Vite, deje de ser cuanto antes un remedo diario de la festividad de San Cristóbal.
La denominada variante de Aradas representa una excelente solución para el tráfico pesado que surca el oeste, ya que en los andurriales por los que la Xunta quiere meterlo no hay muchos más obstáculos que los sapos parteros que merodeen por ahí. Lo que significa que ese kilómetro y medio de carretera se puede hacer con cierta celeridad, tras allanar la burocracia, siempre y cuando Agustín Hernández empiece a apartar seis millones para la obra.
Por cierto, siguiendo por esos parajes, hacia el este, hay una rotonda dibujada en los planos de acceso a tres polígonos industriales. El conselleiro no la mencionó en Raxoi. Menos mal que Conde Roa enmendó el olvido de Hernández. Los socialistas se habían quedado helados con la omisión.
En pocos días, Núñez y Hernández se bajaron al consistorio. El optimismo nos embarga.
Amelia González asistió o al menos informó alguna vez como periodista de las alcaldías accidentales durante el verano. Ahora le ha tocado a ella el turno de comandar la nave de la ciudad durante el descanso de Conde Roa y tener a los plumíferos atentos al ejercicio de su cargo. La vida da mil vueltas y en sus giros suceden estas cosas. En fin, las fotos le conceden buena planta de alcaldesa.