El ejemplar perder holandés

La Voz

SANTIAGO

Si hay que quedarse con una imagen, no es la del gol de Iniesta, ni la del beso del capitán a su moza, que no hubo ocasión de ver hasta la vuelta a España. La imagen, que simboliza ese valor moral que Camus vio en el fútbol, es la de los ejemplares aficionados holandeses en el aeropuerto de Johannesburgo, hora y pico después del pitido final. Caminan alicaídos, como corresponde a quien ha visto perder a su país tres finales mundialistas, a la espera de embarcar. Son cientos, en una proporción de 5 a 1 con los españoles, y se agolpan en los mostradores. Llega la afición de España, que pasa en paralelo a los hinchas tulipanes. Parte del grupo español los provoca con cánticos y dedos al aire. Huele a follón. Los holandeses se giran en masa y, a cientos, separan sus manos... y aplauden. Hacen el pasillo a la afición ganadora, y hasta los bobos provocadores se emocionan hasta la lágrima.

Solo conmueve más llegar a España y poder comprobar al fin qué ponía en la camiseta que tenía guardada Iniesta bajo la roja, de letra ilegible desde la grada del Soccer City. Ese homenaje a Jarque, de un culé a un perico, ese lazo que une, vistan el color que vistan, a todos los que aman el fútbol.