El Concello de Santiago camina sin prisas, pero tenso, hacia el próximo mandato. La mayoría de municipios ya están en regla, aquellos cuyas legislaturas no amanecieron en los estrados judiciales. La bronca transitiva de Santiago se presenta como un preludio de malas caras a lo largo del mandato entrante. A estas alturas, Conde Roa ya estará arrepentido de haberles ofrecido posiciones en su cancha de juego a socialistas y nacionalistas. Se le resiste el bastón de mando, aún con las iniciales de X.A.S.B.
El cabreo mayúsculo del alcaldable es lógico, porque no es nada fácil reunirse con los colectivos e instituciones como teórico regidor, mientras se cierne una espada de Damocles sobre el cargo no estrenado. Y es que todo puede suceder mientras no haya una resolución judicial a los recursos interpuestos.
Al presentarlos, PSOE y BNG no han hecho otra cosa que ejercer un derecho, al considerar que las irregularidades no abordadas por la Junta Electoral Central son sustantivas y pueden variar el panorama corporativo. Las dos formaciones coinciden en ello. Conde Roa opina que los recursos envuelven señalados intereses y responden a un «aferramiento patológico» al poder, pero cree que no encierran ningún germen destructivo del resultado provisional de las urnas.
Al cabo, será el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia el que diga la última palabra. Mientras, lo único factible es intercambiar acusaciones o cubrir quinielas judiciales.
En este ínterin tan acorchado algunos trámites o proyectos quedan pillados en el medio, aguardando a que se clarifique el tránsito de una legislatura a otra. La advertencia, por ejemplo, de que un acontecimiento como el Foro Gastronómico puede quedarse en la cuneta hace peinar escarpias.
Despedida
Atendiendo a la provisionalidad del resultado, que cambia el poder de manos, Sánchez Bugallo efectuó su despedida provisional de los altos cargos institucionales de Compostela. Resultaría curioso verlo retornar a los mismos despachos para presentarse como futuro regidor de la ciudad si llegase el volquete de los viejos resultados gracias a una polémica mesa electoral.
En medio de una guerra política siempre cabe una tregua para la bulla, y aquí vino propiciada por la festividad de la Ascensión. El pulpo lubrica prácticamente los mismos músculos tensados en las crudas dialécticas, y a la romería de Santa Susana acudieron Gerardo Conde con su jefe Núñez Feijoo y discípulos, Rubén Cela con su jefe Guillerme Vázquez y discípulos y Xosé Sánchez Bugallo con sus discípulos. De la tierra del pulpo nadie figuró en la comitiva. Hubo saludos efusivos, paz, fraternidad y mil primaveras de Ascensión más.
Tras la tregua, los músculos faciales volvieron a la carga con más denuedo que en las fechas anteriores. La imagen de lo alto de Santa Susana y la de los micrófonos de Raxoi, la palmada en la espalda y en los morros, distan tanto que más de uno se queda boquiabierto imaginando como pueden conciliarse ambos cuadros.
Puede que esa conciliación del político y la persona no resulte tan extraña si tenemos en cuenta que persona originariamente significaba máscara. Y en el propio plano político, entremezcladas con las andanadas verbales, emergen fábulas de Esopo (Conde Roa) o cuentos de Perrault (Sánchez Bugallo).
Lo que los ciudadanos quieren es que el Ayuntamiento funcione, incluso en este precario período de intervalo que parece tierra de nadie (legalmente, sigue todo igual) y que el traspaso de poderes, si se produce, se haga de forma ordenada.