¿Por qué esta boda levanta tanto revuelo?

El próximo viernes se casan el príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, una chica de clase media que no es Diana ni pretende serlo


Corresponsal en Londres

EL FUTURO REY DEL PUEBLO.

Hubo una imagen del príncipe Guillermo, de la que fui testigo directo durante los funerales de su madre, la princesa de Gales, en septiembre de 1997, de difícil olvido. Un adolescente de apenas 15 años, encorsetado por el protocolo y la solemne presencia de su padre, su abuelo y su tío, caminando detrás del féretro de su madre y acompañando a su hermano tres años más joven, Enrique, incapaces los dos de levantar la mirada del suelo. Ni la separación agria de sus padres, ni siquiera el golpe que le dio un compañero de Eton en 1991 con un palo de golf y del que queda una cicatriz en su frente al estilo de la de Harry Potter, habían causado tanto dolor en su corta vida. Y, sin embargo, Guillermo no derramó lágrima alguna durante aquel trayecto interminable. Estaba aprendiendo la lección más dura para cualquier futuro monarca británico, saber estar por encima de las circunstancias, por muy dolorosas que estas sean, jamás demostrar el sufrimiento en público.

En aquel funeral, viendo la pasión con la que el pueblo seguía la muerte de su madre, Guillermo aprendió otra lección. Por muy Windsor que sea, los valores que mostró su madre en vida eran los que se habían ganado el corazón del pueblo, y este debe ser siempre el principal objetivo de un rey. La princesa del pueblo estaba dando paso al futuro rey del pueblo. Hoy en día, nadie duda del encanto de Guillermo en su trato con la gente, esa habilidad de poder relacionarse con cualquier estrato de la sociedad, a pesar de que siempre se ha hecho rodear de un círculo de amigos muy exclusivo y de haber evitado ofrecer carnaza -al contrario que su hermano-, a la prensa sensacionalista. Con la excepción de la vez en la que se presentó en una despedida de soltero pilotando un helicóptero de la RAF y cuando aterrizó en los terrenos de la casa de su prometida pilotando uno de estos aparatos sufragados por los contribuyentes. Pero son pequeñeces comparadas con la valorada imagen de Guillermo, sensible, maduro e inteligente como adjetivos más utilizados entre los británicos.

KATE MIDDLETON, LA PRIMERA COMÚN EN 350 AÑOS

La irrupción de Kate Middleton en la vida pública como la futura reina de Inglaterra no ha despertado la misma paranoica admiración entre los británicos que se destapó cuando se anunció en 1981 el matrimonio entre Carlos y Diana. Kate no es Diana y nunca ocupará el vacío dejado por la princesa del pueblo. Kate tampoco quiere ser Diana. Esta joven de Berkshire, procedente de una familia común, aunque adinerada, no ha sido criada para relacionarse con la realeza. Mientras que Diana fue elegida como esposa de Carlos, Kate, dicen, eligió a Guillermo, para lo que se valió de sus encantos cuando se paseó en un desfile de moda en la Universidad de St. Andrew, donde ambos estudiaban, ligera de ropa, apenas un vestido transparente a través del que Kate se mostraba en todo su esplendor. Entre el público estaba un atento príncipe. Durante los años en los que se estableció la relación -esta se rompió en el 2007 durante varios meses, tiempo en el que Guillermo se entretuvo con alguna que otra joven y de nuevo regresó a sus brazos, por esto la apodan en Inglaterra Waity Katie, Katie la esperona-, la joven ha demostrado que, a diferencia de Diana, la guía el amor hacia Guillermo.

Además Kate es 10 años mayor que Diana cuando esta se prometió a Carlos. La relación con Guillermo comenzó alrededor de la Navidad del 2003, cuando ambos compartían un piso de estudiantes en Edimburgo, algo que contrasta con las anteriores relaciones monacales británicas en las que la futura reina ha llegado virgen al matrimonio. De hecho Guillermo se declaró ante Kate en Kenia, durante un safari. Nada más abandonar la universidad, Kate formó su propia empresa, de ropa para niños y, en noviembre del 2006, se unió a la firma Jigsaw, como directora de compra de accesorios. La única ocasión en la que, según sus amigos, se ha permitido un exceso fue para pillar una pequeña borrachera. Guillermo se convierte en el primer futuro monarca en desposarse con alguien ajeno a la realeza desde que lo hiciera en 1660 Jaime II al elegir a Anne Hyde.

LOS MIDDLETON, DE LA CÁRCEL AL TRONO DE INGLATERRA

Edward Thomas Glassborow, antepasado del padre de Kate, Michael, y recluso de la prisión de Hololoway en 1881, no podía imaginar que 130 años más tarde su dinastía se sentaría en el trono de Inglaterra. La familia de Kate es una curiosa mezcla de clases. Entre sus antepasados figuran carniceros, abogados, barrenderos, terratenientes, mineros y sirvientes. Su madre Carole es una figura polémica, ya que fue la instigadora de la separación de Kate y Guillermo en el 2007. Pero desde que se formalizó el noviazgo esta ex azafata ha ofrecido a Guillermo una normalidad en la casa de sus futuros suegros alejada de la propia en Buckingham Palace. Algunos dicen que Carole es demasiado común o vulgar para ser la suegra del futuro rey de Inglaterra. Junto a su marido Michael, un ex piloto, dirigen desde 1987 un negocio de venta por catálogo e Internet, Party Pieces, de productos para fiestas que los ha convertido en millonarios.

Kate tiene dos hermanos más, una hermana menor, Pippa, y el más joven, James, que creó una compañía de repostería. Las dos hermanas comparten una estrecha relación, por lo que Pippa se encargó de organizar la despedida de soltera de su hermana. Los Middleton también cuentan con su oveja negra, Gary Goldsmith, el hermano de Carole que, en julio del 2009, fue filmado vendiendo cocaína y servicios de proxeneta a un periodista del News of the World. Esta semana era fotografiado con la cabeza rapada y con nuevos tatuajes en sus brazos, listo para la boda real.

LOS WINDSOR, EN BUSCA DE SU «ANNUS MIRABILIS»

Cuando Carlos se casó con su amante, Camilla Parker Bowler, Guillermo mostró su aprobación por el enlace, una prueba inequívoca de su madurez, algo que no suele ser muy común entre los otros miembros de los Windsor, basta con leer las últimas hazañas de su tío Andrés, embajador del Reino Unido por el mundo, con una agenda de amigos más cutre que la de Charles Manson.

La reina sabe que esta vez no se puede equivocar, como lo hizo con su nuera Diana, a la que simplificó a su mínima expresión, pensando que todo aquel que se acerca a la familia Windsor debe dejar en la puerta del palacio su personalidad junto a su abrigo y su paraguas. Isabel II no cometerá el mismo error con la mujer de su nieto y de hecho está manteniendo las distancias, al igual que el príncipe consorte a quien, además, la debilidad física de su avanzada edad comienza a hacerle mella, y evita su participación en nuevas escaramuzas familiares. Los Windsor asisten una vez más a una boda con la cínica lección aprendida de que, a diferencia de un reinado, lo que se une en matrimonio no es necesariamente para toda la vida, tal y como demostraron los enlaces de tres de sus cuatro hijos. Carlos estará acompañado de su esposísima Camilla y seguro que no perderá de ojo a su segundo hijo, Enrique, recién ascendido a capitán y propenso a beber más de la cuenta en estas ocasiones.

Lo que ha traído de cabeza a la casa real estos días es dónde sentar al hermano de Diana, Charles Spencer. Uno de los ex miembros non grato de los últimos años en la apretada familia Windsor es Sarah Ferguson, la ex mujer de Andrés, que no ha sido invitada a la ceremonia.

5 LOS BRITÁNICOS, MONÁRQUICOS Y REPUBLICANOS.

No todos los británicos son flemáticos ni todos son monárquicos. A los que querían mostrar su rechazo a la boda y a la realeza con fiestas callejeras se les ha prohibido manifestarse y, en los últimos días, el escritor Martin Amis, calificaba a la familia real de «filisteos». En concreto, de Carlos decía que «tiene una risa de cerdo» y de los Windsor que utilizan celebraciones como la boda del día 29 para promocionar la monarquía. Para Amis, uno de los problemas de la familia de Guillermo es que «la reina nunca escucha a nadie». Uno de cada cinco británicos opinan excesiva la información ofrecida durante semanas sobre la boda real, y otro rotativo publicaba esta semana un guía para sobrevivir y evitar la boda real que se espera sea seguida por 2.000 millones de personas. Entre los consejos destacaba pintar una pared y observar cómo seca la pintura o, sencillamente, casarse el mismo día 29.

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