Estudios realizados en Europa muestran que la fuente de electricidad más peligrosa es el carbón, si atendemos al número de muertes causadas por cantidad de energía producida. Estos análisis incluyen todos los pasos de la producción de electricidad, desde la construcción de las instalaciones y la extracción y transporte del combustible hasta los efectos de las emisiones contaminantes, accidentes y catástrofes.
Los daños a la salud asociados a las emisiones de las centrales térmicas de carbón, similares a las de los vehículos a motor, ya han sido noticia este año en nuestro país, donde se estima que unas 5.000 personas mueren prematuramente a causa de esta contaminación.
Podría argumentarse que el bajo riesgo aparente de la energía nuclear se debe a que los efectos de la radiación suelen manifestarse a medio y largo plazo, lo que les permitiría pasar desapercibidos en las estadísticas. Sin embargo, un estudio reciente realizado por la Universidad Carlos III ha demostrado que en nuestro país vivir cerca de una central nuclear no supone un riesgo para la salud. Por otra parte, los trabajadores llevan aparatos que miden la dosis de radiación recibida y solo en casos extraordinarios se superan los límites seguros.
Por lo tanto, el principal riesgo de las nucleares son los accidentes, como el de Fukushima o el de Chernóbil. Analizando todas las evidencias publicadas, el Comité Científico sobre los Efectos de la Radiación Atómica de Naciones Unidas, de los 600 trabajadores que había en la central de Chernóbil 28 murieron en las primeras semanas a causa de la radiación, y 19 más fallecieron hasta el 2004. También se ha observado en este grupo un leve incremento de la incidencia de leucemia y cataratas. Por otra parte, se estima que alrededor del 1% de los más de 200.000 trabajadores que participaron en las tareas de emergencia y descontaminación durante el primer año fallecerán por efecto de la radiación recibida. En cuanto al público, en el 2005 se habían contabilizado algo menos de 7.000 casos de cáncer de tiroides, pocos de ellos letales, especialmente entre niños y jóvenes que vivían en las zonas más contaminadas.