«Enseñanza y familia se conjugan en procurar felicidad, y entiendo por felicidad la satisfacción de aprender a hacer algo que merezca la pena» (Josefina Aldecoa)
30 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La autora de Historia de una maestra, la escritora y pedagoga Josefina Aldecoa, murió el 16 de marzo a los 85 años. La Voz de Galicia nos daba la noticia al día siguiente y trazaba el siguiente perfil. «Maestra de maestros, escritora y pedagoga, Josefina Aldecoa siempre defendió otra manera de enseñar. Comenzó a frecuentar el Café Gijón, donde conoció al escritor Ignacio Aldecoa, con el que se casó en 1952 y cuyo apellido adoptó. Aldecoa pertenecía a la generación de los 50, marcada por una escritura realista, dura y cuidadosa con el lenguaje. Entre sus obras literarias destaca la trilogía de contenido autobiográfico Historia de una maestra (1990), Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997). En 1959 fundó el colegio Estilo en Madrid, que dirigió durante más de 40 años».
La Historia de una maestra (Anagrama) está basada en la vida de su madre -Josefina Aldecoa es hija de maestros- y se ha convertido en un referente para muchos docentes, ya que muestra el importante papel de la enseñanza y de aquellos que lucharon por educar un país. En parte es una autobiografía que recoge los momentos de pobreza, ignorancia y opresión que se vivieron en España con el trasfondo de la República, la revolución de octubre y la Guerra Civil.
GABRIELA / JOSEFINA
Gabriela, la protagonista de la novela, recoge su título de maestra en 1923 y comienza a trabajar en las escuelas rurales de España, y se va después a Guinea.
Gabriela: «Yo me decía: no puede existir dedicación más hermosa que esta. Compartir con los niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ese era el milagro de una profesión que estaba empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizás era por eso mismo. Una exaltación juvenil me trastornaba y un aura de heroína me rodeaba ante mis ojos. Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía más que todo lo que ellos recibían de mí».
Josefina: «En el fondo me siento un poco como Gabriela. Sobre todo porque muchas veces es cierto que ellos me dan más de lo que yo les doy. Tengo 80 años y todos los días me levanto para ir al colegio. No puedo renunciar a la enseñanza. Me liga a la sociedad y a la sabia nueva. Me estimula. Me gusta tener la obligación de acudir a las aulas. Tener la oportunidad de relacionarme con los padres y las madres, con el profesorado y con los alumnos.
«Antes de nada distingamos educación y enseñanza. La educación la dan los padres. Las normas de conducta, las creencias, los principios y la ética: ahí está todo. Y se educa desde el primer año de la vida del niño. La infancia entera es decisiva [...]. La enseñanza, por su parte, es un apoyo a la educación. Es la transmisión de conocimientos. Pero no puede sustituir, ni aunque quisiera podría hacerlo, la acción de la familia».