«Santiago es un privilegio»

concha pino SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Su empresa realizó obras en la catedral 23 años ininterrumpidos

28 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Es vigués, pero como él mismo señala, «llevo viviendo aquí casi 47 años, mis hijos nacieron aquí y fue aquí donde formé mi familia, porque llegué en el 65 y me casé en el 66». Gonzalo Rey Lama empezó a trabajar en 1974, cuando acabó Ingeniería de Minas, en la constructora Rodolfo Lamas, que a mediados de los 80 quebró, «debido a una crisis muy parecida a la que atravesamos ahora». Fue cuando él y otros trabajadores de Santiago decidieron iniciar su propio camino y crearon Neorsa.

En su nueva andadura empresarial se fueron especializando en restauración y rehabilitación, «y ahora es raro que nos llamen para una obra nueva, aunque a veces formamos una UTE con otras empresas». Cuenta que el cambio de una constructora generalista le fue muy bien, «porque el concepto de trabajo es totalmente distinto. Si haces un dique o una carretera casi siempre tienes una presión económica muy fuerte, pero en restauración las cuestiones más importantes radican en preservar el monumento. Además, este ámbito es muy enriquecedor, porque el contacto con historiadores y arquitectos genera un mundo muy agradable, y estoy muy contento. Es un privilegio, y más en Santiago».

La catedral

La catedral no tiene secretos para Gonzalo Rey Lama, «aunque no la conoces del todo nunca. Puedo contar como anécdota que me quedó pena por no subir a lo alto de la Berenguela, a la linterna, cuando tuve oportunidad con motivo de unas obras».

Porque Neorsa lleva 23 años trabajando en la catedral ininterrumpidamente, «con más o menos intensidad y con obras distintas». Empezaron a trabajar en el templo en el año 1987, «precisamente en una obra para corregir humedades en el Pórtico de la Gloria, y en los ábsides».

Asegura que, en general, todas las obras que realizó fueron muy interesantes, pero recuerda «con especial cariño» las del año 1998, en vísperas del año santo. «Ese año se destinó mucho dinero a la catedral, y a mí me tocó un buen lote de obras, desde la limpieza de la fachada del Obradoiro, desmontar la cubierta del claustro que habíamos colocado unos años con carácter provisional, a la restauración del baldaquino y el área de la capilla mayor. Y limpiamos la catedral, literalmente, con aspiradora. Creo que fue la primera vez que se cerró para realizar esta tarea. También pintamos las bóvedas con un plazo de tiempo apretadísimo, una situación que se repitió el año pasado en novembro con motivo de la visita del Papa. Pero esta vez con andamios móviles y sin que se interrumpiera el culto».

Visitas papales

Desde su punto de vista, las intervenciones en patrimonio «solo se pueden llevar adelante si funciona el equipo, es un trabajo en el que resulta fundamental el espíritu de colaboración. El café después de la visita a la obra es uno de los momentos más agradables, porque no hablas de la obra, sino de lo divino y de lo humano, pero de ahí nace la mejor colaboración y el clima de confianza necesario entre las personas para trabajar y afrontar los inevitables errores y fallos».

Rey Lama estuvo implicado en la organización de las tres visitas papales a la ciudad, y en dos de ellas pudo saludar al Pontífice, «incluso tuve una audiencia concreta con Benedicto XVI». Piensa que la visita de 1989 de Juan Pablo II marcó un punto de inflexión, «trabajamos casi dos años preparándola. Esta última fue la más fugaz, pero muy intensa».

Formó parte de la comisión organizadora de la visita de Benedicto XVI y considera que tanto esfuerzo para el montaje del altar en el Obradoiro mereció la pena, «porque se trataba de que participara en el acto cuanta más gente mejor. Si compensa o no es difícil de calibrar, económicamente quizá fue un gasto excesivo para el poco tiempo que estuvo, pero para la ciudad yo creo que fue muy importante».

«Xerardo Estévez le dio un revolcón a la ciudad, la modernizó»

Del Santiago que conoció Gonzalo Rey Lama cuando llegó en el 65 recuerda que era año santo, «once años después del anterior, y se estaba construyendo el Burgo de las Naciones. Nosotros (la empresa Rodolfo Lamas) construíamos el colegio de los maristas. La ciudad ese año hervía, era una cosa tremenda.

Comenta que la ciudad empezó a vivir la dinámica de los años santos a partir de la celebración del 65, «y creo que donde experimentó un segundo empujón muy fuerte fue con Xerardo Estévez de alcalde, que le dio un revolcón terrible a la ciudad, en el sentido de que la modernizó. Puedes estar de acuerdo o no con algunas cosas, pero en general la transformó, incluso la ciudad vieja, con todo lo que sacó del Consorcio y con la Oficina de Rehabilitación. Estévez fue muy importante. Ahora creo que la economía está dejando huella en la ciudad, frenando muchos impulsos. A ver si nos vamos recuperando».

Dimensión humana

Conviene que Santiago «es una ciudad con una dimensión a escala muy humana. Yo voy caminando al trabajo y muchos días me paro hasta once veces con gente conocida que me encuentro, puedes entrar en cualquier sitio a dejar un recado o decir ya te pagaré. Eso está cambiando, claro, y lo peor es la pérdida del comercio tradicional a favor del turismo, y me parece muy peligroso, porque son demasiadas tiendas de recuerdos de una calidad, digamos que discreta, no muy buena. O la pérdida de tabernas clásicas como O 42. Pero claro, a lo mejor es que soy mayor y la nostalgia es mala para el progreso, pero creo que falta un cierto equilibrio, y hacer algo para fijar población en el caso viejo».