Aparcar. El eterno problema en una ciudad con demasiados coches como es Santiago de Compostela. Según se acerca la Navidad aumentan también los problemas de movilidad de quienes -la mayoría- optan por el vehículo particular para ir aprovisionándose de cara a los días clave que se avecinan.
Y sea cual sea la elección, el problema está servido. O lo estará si uno no sale de casa con tiempo. El aparcamiento de Área Central, aun con una gran capacidad, se queda pequeño en los días más señalados. Pero no es tanto problema el número de plazas que ofrece como el propio diseño de la instalación, con una única entrada -con dos carriles- y una única salida. Eso provoca tremendas retenciones tanto en la rotonda subterránea como en en las calles que confluyen en ella, para desesperación de quienes quieren ir al centro comercial y de los propios usuarios de los garajes de las viviendas, que sufren por algo ajeno a ellos.
El exterior del recinto comercial y de viviendas está completamente agotado. Incluso los dos aparcamientos de motos acaban invadidos por coches y furgonetas, a menudo ante la pasividad de la Policía Local. Lo mismo ocurre en zonas de carga y descarga y paradas de autobuses. Fontiñas necesitará, más temprano que tarde, otro aparcamiento subterráneo.
El Centro Comercial Compostela compite con superficie de estacionamiento y, sobre todo, con la gratuidad de su aparcamiento. Pero la oferta no impide terribles colapsos en todo su entorno a las horas punta, grandes atascos que llegan desde Pontepedriña a la rotonda de O Castiñeiriño. Muchos no saben que el Centro Comercial Compostela tiene una salida directa, en la planta -2 y a través de un túnel, hacia el Paxonal en sentido de entrada a la ciudad. Su uso evita tener que girar en la rotonda de O Castiñeiriño y es una buena escapatoria para quien tenga prisa.
Tampoco en el exterior de El Corte Inglés ni la Policía Local ni la grúa se emplean a fondo; pasos de peatones, zonas amarillas de carga y descarga, giros y aceras aparecen invadidos con la misma impunidad en los días fuertes.
Si uno escoge como zona de compras el Ensanche, deberá estar preparado para la doble fila institucionalizada en calles como Santiago de Chile o el Hórreo. La concejala de Tráfico se mostró dispuesta a acabar con esta práctica hace años, pero es evidente que no lo ha conseguido.