La cubierta, asociada al vandalismo, ha pasado a convertirse en un nuevo proyecto municipal remunerado y arrinconado
24 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La carpa de Conxo se convertirá en una carpeta de Raxoi. Como otras que duermen el sueño de los justos albergando proyectos que un día fueron ensalzados y otro día tumbados a la espera de una difícil resurrección. Proyectos cuyos autores han percibido sus emolumentos. Amargas lágrimas inspiran aún los 751.000 euros que los compostelanos metieron hace quince años en la cuenta corriente de Foster por un anteproyecto (ni siquiera proyecto) en el Pedroso que un día, cerca del juicio final, será desempolvado. Más difícil lo tiene el parque de Europa de Kleihues, ya solapado. El diseño de la cubierta se lleva una suma menor, 35.000 euros, y es fácil pensar que será rescatado con menos moho que el de Foster. Aparentemente, una estructura de este tipo tiene mejor asentamiento. Semeja factible.
En la práctica, no tanto. Solo un Plan E, con una gran diversidad de iniciativas pagadas, puede ser un marco adecuado para montar una marquesina con un coste de 250.000 euros. Más complicado es incluirlo en otros escenarios, y por descontado excluyendo estos años en los que no está el horno para bollos.
Hay otras razones para el pesimismo. Raxoi dice que el proyecto no se pierde, pero que levante la mano el edil que esté dispuesto a montar una cubierta. ¿En qué año habrá una mano alzada? Ha arraigado en los vecindarios la mentalidad o psicosis de que la carpa es un elemento permicioso. Y si unos la piden, otros se les echarán encima. Eliminar esa membrana de recelos parece tarea de lustros.
Todo parte de la elección de Galeras para la marquesina, un error técnico o político o técnico y político. Si se sabe que los plazos son muy ajustados, no tiene mucho sentido escoger una zona que implica informes de la Xunta y, en consecuencia, meses de demora en los expedientes y horizontes temporales más que dudosos. Encima, los vecinos exteriorizaron su desconfianza.
A partir de ahí surgen dos cosas. Primera, a pocos les gusta ser segundo plato de alguien. Y menos, tercero o cuarto, de continuar la oferta de la carpa a otros parques. Segunda, se transmitió y expandió la psicosis de que la cubierta atrae el crimen, la yakuza y el vandalismo. Solo puede resguardar a Satán. Es decir, se ha asociado esta estructura a botellón, drogadicción y conflictividad, cuando en otras comunidades y países es confort, estética y modernidad. Y no reluce en ellos tanto el pluviómetro como en Santiago, la ciudad en donde la lluvia es arte y las carpas de diseño, kitsch y feísmo.
La conclusión es que no queda más remedio que empaparse en las zonas recreativas de Compostela, a las que no se les da la oportunidad de albergar actividades porque habría que limpiar ante los leucocitos. Lo malo es que son áreas muy espaciosas de la ciudad que quedan inutilizadas largas épocas del año. Los parques de Santiago no son para el invierno. Más aun, proyectar cualquier elemento estético ya es sospechoso.
Elvira Cienfuegos vio definitivamente roto su proyecto en Conxo, en una apasionada reunión en la que, por cierto, estuvo arropada por Socorro García. La tenienta de alcalde demostró valor arriesgándose a ser chupa de dómine del hervor vecinal. De hecho, atrajo hacia sí muchos de los disparos (con las necesidades del barrio como proyectiles) de los residentes.
Pero además el tajazo municipal a la carpa hizo que rodase parque abajo la cabeza ensangrentada de Luis Matos y, en puridad, la legitimidad de las asociaciones de vecinos como representantes de sus barrios. Raxoi asegura que Matos (presidente vecinal) tenía el compromiso de consultar a la gente y no lo hizo. Visto lo de Galeras, aquí lo asambleario tenía razón de ser. ¿Volverá Raxoi a contar con las asociaciones para plantar proyectos en barrios? Probable respuesta gallega: «Asegún».
Por de lo pronto, los parques, mejor a cielo abierto. Menos mal que nos queda Área Central.