Seducidos por el influjo amable de Compostela

M. G. SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

Julio César Simonato (Sao Paulo, 1976) y Javier Bulfoni (Santa Fe, 1976) tienen muchos paralelismos. Los dos son veteranos, pero disfrutan de sus respectivos deportes como si fuesen juveniles. Garantiza trabajo y compromiso en el día a día. Siempre están dispuestos a tirar del carro. Y tienen la sana costumbre, a veces en desuso en muchos otros ámbitos, de decir lo que piensan.

Los dos se han ganado el cariño de la afición santiaguesa, si bien uno va ya por su octavo año en Compostela y el otro por el segundo.

Alemao se confiesa encantado en la capital gallega: «Desde que salí de Brasil, este es el lugar en el que me encuentro más cómodo. La amistad, la gente, poder confiar, amigos al margen del fútbol sala... Es lo más parecido a Brasil. Para mí es como mi segunda casa». Prueba del influjo compostelano es que, si fuese por dinero, la pasada campaña en vez de renovar hubiese aceptado una oferta mareante para jugar en Japón.

Con la edad se valoran más los intangibles, y Bulfoni da fe de ello: «Me pasa algo parecido a lo de Alemao. La calidad de la gente acá es muy buena. La ciudad es tranquila, bonita. Estoy muy a gusto».

Concluida la pasada campaña, tenía claro que su primera opción era el Obradoiro, si fraguaba un proyecto serio. Y centró todos sus esfuerzos en esa línea: «Quería asumir el reto de intentar devolver la afición a la ACB. El dinero no lo es todo en la vida. A veces hay que dar un pasito atrás para avanzar después dos hacia delante». Es el embrujo amable de Compostela, que ha calado en los dos.