El arte de ser imborrable

Ana R. Crespo redac.santiago@lavoz.es

SANTIAGO

Un tatuaje es mucho más que un dibujo. Se trata de una historia marcada para siempre en el cuerpo, un compromiso de por vida con la obra de un artista. Daniel Aníbal lleva doce años practicando este arte pero ha estado unido a él desde hace mucho más tiempo: «Crecí viendo tatuajes a mi alrededor porque mi abuelo era marinero y tenía varios. El tatuaje me eligió a mi y no al revés», cuenta este tatuador nacido en Buenos Aires y afincado en Galicia. La tienda que regenta, Sagrado Corazón, en la calle Tras Salomé, es de las más jóvenes de la ciudad. Abrió hace un año con la intención de dar respuesta a una demanda que conocía bien. Junto con sus compañeros Juan Jiménez y Marcio Muñiz notaron que en su tienda de Pontevedra, Punto G, había una gran afluencia de gente de Santiago. Por ello decidieron probar suerte en la capital compostelana: «Nos dimos cuenta de que faltaba modernidad clásica en la ciudad», afirma Daniel. El rincón más joven del arte más clásico. El tipo de tatuaje en el que está especializado Daniel Aníbal es el tradicional americano y japonés, un estilo que cuenta con más de cien años de historia. Sin embargo, la forma de hacerlo o la decoración del local ponen la nota actual en el trabajo que se lleva a cabo en Sagrado Corazón: «Aquí todos los diseños son originales. Trabajamos la idea de principio a fin. Nuestra demanda es muy característica, no somos una tienda de tatuajes que funcione como un supermercado», explica el artista. En cuanto a la situación del tatuaje habla de una mayor aceptación con respecto a otras épocas pero de una gran exigencia ya que hay que saber dibujar, pintar y tener técnica: «Es equiparable al trabajo de un diseñador gráfico», asegura. Los peregrinos suponen la mitad de la clientela de la tienda ya que es muy frecuente que, al acabar el Camino, pidan algún tipo de motivo conmemorativo. Morriña de tierra. Dieciocho años tatuando dan para mucho. Manuel Millán ha conocido demasiado mundo y trabajado en buena parte de él. Comenzó en Alemania, Suiza y Francia, pero «llega un punto en que conoces tantos sitios que solo quieres volver a tu tierra», comenta el santiagués. Según Manuel no importa el lugar desde donde se practique el arte y, además, en Galicia «tenemos de todo». La tienda en la que plasma sus obras, Creative, en la avenida Vilagarcía, nació hace un año que, asegura, ha sido bastante duro. Pasado ese tiempo, ya empieza a notar las consecuencias positivas del boca a boca que está atrayendo a más personas hasta el local: «Cada cliente contento que sale de aquí es un anuncio más», asegura Manuel. El tatuaje que más ha repetido en estos doce meses han sido las estrellas, de las que confiesa estar bastante harto. Cuando se trata de elegir estilo solo tiene un criterio: que sea lo más complicado posible. Y es que, para este artista, cuanto más difícil sea un tatuaje mayor será su interés. Es muy habitual encontrar peregrinos en Creative ya que muchos se acercan para tatuarse la concha o algún otro símbolo del Camino. Pero el mayor orgullo de Manuel es la gente que viene desde lugares tan lejanos como Alemania para cederle su piel: «Hay quien empezó conmigo y no quiere cambiar de artista», cuenta.