El transporte público arroja un sonoro déficit, pero el Concello resiste la histórica tentación de recortarle las alas
27 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Santiago se felicitó y fue felicitado por otros concellos cuando asumió la gratuidad de los billetes de los jubilados, pensionistas e incapacitados. Desde entonces Raxoi meditó más de una vez el alcance de la medida, que se lo pregunten a más de un ex concejal de Transportes, aunque se mantuvo firme en su aplicación.
Solo bajó la guardia para limitar los viajes gratuitos. No pocos mayores convirtieron el autobús en el salón de su casa, donde solo les faltaba la televisión (ahora ya la hay, aunque la carta de ajuste lograría muchos más viajeros televidentes) y donde el conductor era como de la familia. Claro, transformado eso en billetes (por entonces no se contabilizaban) arrojaría cifras más que respetables. Muchos comparten la tesis de que viajar es un disfrute, y que los usuarios que arrimaron el hombro para levantar el país durante cuatro décadas tienen derecho a unas gratas excursiones que le permitan tomarle el pulso a la ciudad entre sus cuatro puntos cardinales. La gratuidad, pues, es un bendito regalo de Raxoi, pero con un taco de billetes limitado.
El ajuste en los viajes ha sido la primera medida. Pero no crean que en Raxoi no le llevan dando vueltas a la cosa para indagar en los yacimientos de la gratuidad total y encontrar una nueva medida limitadora. Las crisis estimulan la imaginación, y mucho más si el servicio de turno (cuyo equilibrio financiero debe garantizar el Ayuntamiento) reviste un déficit de 3,2 millones en unos tiempos en los que cifras como estas escuecen.
La clave está en una frase que este redactor le escuchó a un viajero a la altura de Virxe da Cerca, al ver subir a un señor canoso: «Mira, ese está podrido de cartos e viaxa gratis dun lado para outro, mentras outros non teñen nin para o bus». La sentencia hace asaltar la duda: ¿Caben otras fórmulas de gratuidad en el transporte público? Para Raxoi, sumergirse en esos mundos y ponerle una orla económica a los billetes hoy gratuitos es una tarea complicada. El Concello mantendrá la prestación, que es un honor servir a los colectivos merecedores de la gratuidad. Pero para eso no hace falta restregarlo. «No 2009 houbo algo mais de dous millóns de viaxes gratis, o 27% do total», enfatizó Carlos Nieves. Que se sepa, ¿eh?. Mantenemos el servicio gratuito, pero os advertimos que nos cuesta un ojo de la cara.
Todavía hay ciudadanos que observan recelosos el obsequio municipal a sus jubilados y pensionistas, pero son conscientes de que un día heredarán ellos el bono de balde si un cáncer, un infarto o un accidente no les impide alcanzarlo. O un cambio de parecer de Raxoi, dios nos libre. Pero, por lo de pronto, se ha extinguido una de las virtudes más estimadas por los mayores: que les cedan los asientos. Si antes jóvenes y adultos se lanzaban en plancha al ver subir a un renqueante anciano para ofrecerle su plaza, hoy muchos consideran que es justo ese momento el más interesante de la televisión del bus, aunque solo emita «Anúnciese en esta pantalla». La gratuidad le ha dado el puntillazo al respeto a los mayores.
Al margen de la necesidad o no de reajustes a la fórmula generalizada, la exención en el pago a los jubilados, mayores y otros sectores desfavorecidos ha colocado a Santiago como un espejo bastante bruñido frente a otros municipios. Dar el paso que dieron los munícipes compostelanos ya es otro cantar. Y desandarlo en la propia capital gallega entraría ya, ineludiblemente, en el ámbito de las políticas regresivas. Caben ajustes o cercenaduras, y de hecho esa idea rondó por más de una cabeza municipal desde que se implantó. Además, la Xunta no se cortó un pelo al ejemplificar con los libros de texto. Pero Raxoi ya se acostumbró a dar el servicio gratuito por bien empleado. Y máxime en e año que queda de mandato.
Esa política graciable ha reportado el pasado año dos millones de viajes. Si los viejos no deben de enamorarse, al menos deben de disfrutar del transporte público, que también es grato.