La oleada de robos en la comarca de Barcala se ceba ahora en la iglesia de Aro
SANTIAGO
La oleada de robos cometidos en el patrimonio eclesiástico y muy singularmente en las iglesias de la comarca de Barcala, suma y sigue. Si ayer le tocó el turno del latrocinio a la iglesia de Corneira, en el municipio de A Baña, no muy lejos de allí, en la parroquia negreiresa de Aro, su templo -uno de los más grandes del Val de Barcala- también fue blanco de los ladrones, que en las últimas semanas parecen haberse fijado en los recintos religiosos para cometer sus fechorías.
De la parroquial de San Vicente de Aro el botín de los cacos sumó una máquina cortacésped que los feligreses guardaban en su interior para mayor seguridad -ya habían sustraído otra del local social-, además de limpiar los cepillos de ánimas en busca de monedas, y hacerse con una cantidad sobre 200 euros que la parroquia guardaba en la iglesia.
Según el testimonio de Carmen García, la encargada de la conservación y limpieza del templo, tuvo conocimiento del robo la tarde del jueves: «Trouxéronme unhas flores para a igrexa, e cando chegamos á porta de acceso lateral atópamonos coa desfeita».
De hecho, habían forzado la cerradura quedando las marcas aún visibles, pero también el cierre de una reja metálica que protege la puerta principal, cuyos pasadores interiores encontraron desbloqueados.
Al parecer, los ladrones habrían intentado sin éxito entrar a la iglesia por el acceso al campanario, acción que no dio sus frutos porque no comunica con el interior del templo. Finalmente, sí consiguieron su propósito no sin antes provocar daños en la reja metálica de la puerta principal, así como en la lateral.
Los feligreses y el cura párroco pusieron los hechos en conocimiento de la Guardia Civil, que levantó el pertinente informe, en busca de pruebas o testigos que pudiesen aportar cualquier dato que permita la detención de los autores de los robos que, desde hace dos semanas, acechan por las noches los templos religiosos de la comarca barcalesa, seguramente animados porque los templos suelen estar situados en lugares relativamente aislados de casas habitadas. La cuestión es que la alarma empieza ya a cundir entre los vecinos, que se temen lo peor en sus casas.