Hartos de rogar por una calle digna

Los vecinos ven desde hace años como la rúa Betanzos se hunde sin que Raxoi actúe

Para los vecinos de la calle Betanzos, el estado de deterioro de las aceras «es una vergüenza»
Para los vecinos de la calle Betanzos, el estado de deterioro de las aceras «es una vergüenza»

Entrar en la calle Betanzos parte el alma. Solo la inclinación ya anima a desistir en el intento de transitarla, pero si a esto se le suma el estado en el que se encuentran las aceras, parece misión imposible. Las personas mayores suben la calle a base de esquivar socavones e inclinaciones, con paso lento, prestando mucha más atención de la normal, siempre mirando al suelo.

Prácticamente al principio de esta calle se encuentra la farmacia, y el bache que se observa a la entrada trae a la memoria calles de otras ciudades, situadas al sur del Ecuador. Al entrar y preguntar por tal agujero, el enfado de la dueña, Ana Bugallo, es evidente. Ella y su hija, que también trabaja allí, han presenciado cómo en enero alguien cayó por culpa del hoyo, lesionándose las manos y la espalda. Razón para disgusto no les falta: «Hace mucho que está así, pero ha empeorado después del invierno. Estaba a ras de la calzada, y ahora está todavía más hundido». La calle es transitada no solo por turismos, sino también por camiones, según la farmacéutica, lo que ha empeorado la situación. «No caben, se suben a la acera, y la deforman aún más. Las tuberías del gas están justo debajo, así que cualquier día saltamos por los aires». Ana Bugallo ha reclamado a Urbanismo y a la Brigada Municipal de Vías y Obras, donde solo le dicen, «que ya lo saben», pero sin tomar medidas. La hija, Irene Martínez, comenta que «la gente ya no dice 'buenos días' al entrar, sino 'uf, cómo está el bache'».

Al terminar de subir la calle no se aprecia mejora. La inclinación de la acera de las viviendas de número impar no termina, a la vez que se levantan agujeros a uno y otro lado, con las losas rotas. A la izquierda se encuentra el colegio Apóstol Santiago, y algunas madres entienden que el estado de aquella travesía es peligroso para los niños, así que tienen que estar «atentas».

Algunos vecinos, ya mayores, se reúnen en la acera para mostrar una total indignación por lo que tienen que soportar. La conversación atrae a más residentes, todos en defensa de una sentencia rotunda: «Esto es una vergüenza». Una de ellos, la que demuestra más énfasis, asegura que le da pudor «admitir donde vivo». Agrega que ha acudido al Concello a ofrecerle al alcalde su vivienda durante algunas semanas, «para que vea cómo se vive aquí». Llevan más de 30 años en esta calle, y recuerdan cómo se ha deteriorado hasta llegar al estado actual. Un señor comenta que lo que hace ahora es «ir por el medio de la calzada, esquivando los coches». Cuando llueve es todavía peor, pues no solo «los coches salpican al pasar por los baches», sino también «nos mojamos hasta las rodillas» por los agujeros, admite otra. Un rato después, Ana Mira Martínez empuja con esfuerzo un carrito con un niño cuesta arriba, mientras insiste en que tiene «muchísimas dificultades» para pasar por aquí.

Al salir de la rúa Betanzos, se ve el trenecito de turistas que recorre Santiago, justo a la entrada, pero solo de pasada. Entrar en esta calle no es algo de lo que se deba presumir, eso lo saben bien los vecinos que la tienen que usar por obligación.

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