El tema de la muerte digna muestra toda la complejidad de la vida moral que, teniendo un origen individual y privado, acaba cobrando una dimensión común y pública. Los partidarios de legalizar la eutanasia en nuestro país se agrupan en la autodenominada Asociación Derecho a Morir Dignamente, lo cual no hace más que enrarecer, intoxicar y complicar aún más el debate de este importante asunto. Porque morir dignamente no se identifica con el ejercicio de la eutanasia y, además, este no garantiza necesariamente una muerte digna.
Me satisface que haya habido consenso al aprobar la ley, porque es un texto que va en contra de la obstinación terapéutica, que realza el papel de los comités de ética asistencial, que habla de acompañamiento y de espiritualidad, que subraya el derecho a recibir cuidados paliativos integrales y a la elección del domicilio para recibirlos, que garantiza una habitación individual para pasar los últimos días? Pero cabe preguntarse qué pretenden los socialistas andaluces al promover esta ley. Porque no aporta novedad alguna respecto al ordenamiento vigente. Pudiera ser que los diputados tengan que justificar sus abultadas nóminas. O que se trate del laboratorio ideológico en el que estén preparando las circunstancias ambientales adecuadas para que, en el momento políticamente estratégico, se lancen a la despenalización de la eutanasia.