Una Emuvissa mejor parada

SANTIAGO

Muchas empresas municipales de España están con el agua al cuello y la de Santiago capea bastante mejor el temporal

14 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cualquiera que le eche un vistazo al cielo compostelano, especialmente en la zona sur, pensará que la burbuja inmobiliaria no explotó realmente como dicen por ahí. Pero sí explotó y los efectos son devastadores. Y, como otros sitios, Compostela también cojea en ciertos planos constructivos. Es lógico.

Pero aunque no son tiempos para la lírica inmobiliaria, la capital gallega ha capeado el temporal bastante mejor que en otros puntos de la geografía española. Las grúas que pueblan el sur de la ciudad, o San Lázaro, reflejan una estampa que en otros lugares parece a estas alturas onírica. En Santiago, por contra, se puede ver y palpar.

Buena culpa de que las grúas hayan desembarcado en la ciudad la tiene la vivienda protegida. La privada anda esquiva, pero los polígonos planificados en los últimos mandatos están logrando que Santiago mantenga un idilio con el ladrillo y que decenas de empleados de la construcción horneen su pan en media docena de suelos. El área urbanística municipal timoneada por Mercedes Rosón también tiene ahí un apreciable horno político.

Detrás hay una entidad creada al efecto, Emuvissa, que provocó recelos en algunos sectores de Raxoi en el momento de salir a la palestra. Su papel ha desmentido los augurios y el botón de muestra actual, en plena crisis, es la estampa de O Castiñeiriño. Su mérito también resiste contrastes. Basta con lanzar una ojeada al panorama ibérico y se advertirá que diversas empresas de vivienda y suelo promovidas en distintos puntos de España se han quedado sin trabajo. Y la impresión en algunos casos es que transitan por los bordes de la quiebra.

En Madrid, Andalucía y el este español se perciben las sangrías del desleal ladrillo. Los impresionantes stocks generados en algún municipio no encuentran salida, a no ser que los precios circulen a ras del suelo. La propia Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Madrid, que ha visto como casi una decena de constructoras a las que les encomendó encargos suspendían pagos, es un almacén de viviendas terminadas y vacías.

Lo inteligente de Emuvissa es que ha sabido administrarse y dosificarse. No se trata de acumular grandes pirámides de ladrillos, sino de apilarlos para ir cubriendo la demanda. Ahora mismo tiene medio millar de viviendas programadas para estos dos años, como un buen colchón sobre el que descansa la cobertura residencial, y está embarcando hacia el puerto del 2014. María Carneiro, la gerenta, ha tenido el buen criterio de plurianualizar la tarea de Emuvissa y encajar mejor un proceso que no admite corsés anuales. Fluye más o menos como un río con saltos y meandros, y por el momento sin guadianas, aunque en medio de una sequía amenazante. Se palpa en la oxigenadora venta de parcelas, que se resiste y vierte recursos a cuentagotas. Entre este mes y el siguiente Emuvissa liará otro paquete para ponerlo en el mercado. ¿Se venderá? Antes era fácil apostar.

Para los compostelanos, que Emuvissa resista en este pedregal de la crisis es sustantivo, nada adjetivo. Dice Rosón que Emuvissa y el Consorcio son los brazos armados de esta ciudad. Un buen ejercicio de imaginación sería despojar Santiago de los logros de estos dos organismos. Quedaría en ropa interior. No en cueros, porque hubo alguna administración que le suministró unos ropajes capitalinos cuando era aldea.

Y aquí viene piripintado un personaje que apenas se dejaba ver, escondido tras las celosías del MOPU y de José Borrell. Se llama Emilio Pérez Touriño, cuyo rastro político acaba de esfumarse. En su etapa de presidente de la Xunta no dejó una huella muy visible en Santiago, la verdad sea dicha. Pero con el traje de secretario general de Borrell fue el artífice, en connivencia con el ministro, de la modernización viaria de Compostela. Lo sabe bien el ex alcalde, Xerardo Estévez, a menudo rodeado de carpetas del MOPU.