Un edificio con jurisdicción propia que solo rendía cuentas a los reyes

La Voz

SANTIAGO

Desde su fundación, y hasta el XIX, el Hostal tuvo jurisdicción propia. Ni el arzobispo ni cancillerías ni capitanes generales tenían potestad sobre sus empleados o cualquiera que se ocultara entre sus muros. Su administrador solo respondía ante los reyes y el Papa. Los postes labrados y las cadenas del acceso al recinto simbolizan ese territorio fronterizo. Así lo recuerda una de las placas que guían a los visitantes sobre los cambios físicos del inmueble y sus variados usos, que se pueden seguir a través de textos como los que identifican el depósito de las sanguijuelas que se utilizaban para sangrar a los enfermos o la pila donde se bautizó Rosalía de Castro. Hasta 1834, su principal fuente de ingresos era el voto de Santiago -el pago de una cuota de cereal por cada labrador de la Corona de Castilla-, y recibía un tercio de las rentas generadas por Granada tras su conquista.