El Concello encarga a Xerardo Estévez la coordinación de los actos conmemorativos que recordarán la declaración de Santiago como Patrimonio de la Humanidad
17 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El alcalde de Santiago en 1985, Xerardo Estévez, recibió exultante la noticia en el hotel Matignon de París; qué mejor lugar para que la ciudad que uno representa sea declarada Patrimonio de la Humanidad.
Era cuatro de diciembre y, desde unos días antes, el regidor permaneció en la capital francesa, mientras se reunía la Comisión del Patrimonio de la Unesco. «¡É o momento de que repiquen as campás!», dijo el alcalde arquitecto cuando, por fin, se conoció la decisión, una determinación en la que ni siquiera hubo debate porque todos los miembros de la comisión estuvieron de acuerdo.
Han pasado casi 25 años de aquella declaración, una distinción que, además de reconocer el valor universal del conjunto monumental, abría la puerta a que la Administración central aportase, de forma anual, unas cantidades importantes para conservar los monumentos. Y ya se advertía en ese momento que, a pesar de que el Patrimonio estaba transferido a la Xunta, las peculiaridades del conjunto compostelano harían precisa la colaboración de todas las administraciones para acometer proyectos unitarios, como así se hizo y así se sigue haciendo un cuarto de siglo después.
Conmemoración en diciembre
El actual alcalde de Santiago, Xosé Sánchez Bugallo, avanza que, hacia el mes de diciembre, los 25 años de la declaración de Santiago como Patrimonio de la Humanidad se celebrarán por todo lo alto. «Encargueille a Xerardo Estévez que nos botara unha man no tema, confío poder verme con el pronto por este asunto», explica.
Ya en el 2005, cuando se cumplieron los veinte años de la declaración, se realizaron acciones especiales, en las que se incluye la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad Álvaro Siza. Bugallo prefiere no avanzar acontecimientos, pero la celebración del próximo diciembre tendrá un tono parecido.
¿Y cómo ve el regidor estos cinco lustros como Patrimonio de la Humanidad? Estupendamente, como no podía ser de otra manera: «A declaración -dice- supuxo un gran recoñecemento, pero tamén unha gran responsabilidade». Bugallo destaca el hecho de que Santiago fuera una de las primeras ciudades de España en conseguir este reconocimiento. «E iso -continúa- axudou a conseguir cuestións como a creación do Consorcio, así como a xenerar conciencia sobre a necesidade de protexermos o patrimonio e o capital que supón, antes víase ese patrimonio coma unha carga».
En 1987, y a raíz de aquel hecho tan relevante, se iniciaron los trámites de redacción del Plan Especial del Casco Histórico. Y aunque pasarían diez años hasta que, por fin, se aprobó, su realización generó un debate interesante del que se fueron sacando conclusiones; se puso en marcha la oficina de Rehabilitación del Casco Histórico... Y, en definitiva, Compostela aprendió a cuidar su propia esencia.
El alcalde tenaz
Conseguir que Santiago fuese declarada Patrimonio de la Humanidad no fue fácil. Fue necesario un año de laboriosas negociaciones, auspiciadas por Estévez, que tuvo que luchar incluso con los que dudaban de la viabilidad de Santiago en la lista de conjuntos declarados. La clave fue, sin duda, su tenacidad, que encontró el apoyo de la Administración autonómica. Pero el apoyo no fue un cheque en blanco, ni mucho menos. No faltaron los roces entre los dos gobiernos, hasta tal punto que, por problemas de competencias, el proceso estuvo a punto de irse al traste.
El informe básico que requería la Comisión del Patrimonio lo redactaron Carlos Almuíña y Rafael Baltar, con la financiación del Ministerio de Cultura.
Alumnos de la Escuela de Arquitectura Superior de A Coruña realizaron un estudio complementario, gracias a la colaboración de la Universidade de Santiago y la Xunta. Y los técnicos municipales, coordinados por Estévez, entregaron la documentación complementaria demandada a lo largo de la tramitación del expediente. Un trabajo intensivo, pero que dio maravillosos resultados.
Felicitaciones
El entonces presidente del Consello da Cultura Galega, Ramón Piñeiro, calificó la decisión de «acto de xustiza», aunque no ocultó un cierto reproche a que no se hubiese tomado mucho antes.
El presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, dijo: «Santiago de Compostela vén ser, en poucas palabras, a materialización da xa tradicional vocación universal do pobo galego a traveso dos tempos». Y el conselleiro de Educación e Cultura, Víctor Manuel Vázquez Portomeñe, echó mano de la retórica impecable que siempre lo ha caracterizado: «Nadie pone en duda que Santiago constituye un conjunto monumental de significación única, a lo que coadyuva su historia y su viejísima condición de foco cultural de Occidente. Aquí están las pruebas materiales de una historia gloriosa, que ahora se reconoce públicamente, como no podía ser menos, constatada además en los numerosos documentos que con este fin elaboró la Xunta, a través de la Consellería de Educación y Cultura».
Que dentro de otros 25 años se pueda celebrar el medio siglo de aquella decisión depende en gran medida de quienes viven en una ciudad única.