06 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.
Está muy extendida la malintencionada idea de que allí donde hay un guardia dirigiendo el tráfico hay más problemas que si no estuviera. Es más bien al contrario: los agentes acuden a los lugares calientes para dinamizarlos, pero no pueden hacer milagros. Hace meses que la circulación rodada ha convertido a la ciudad en un lugar insoportable por horas. Los frentes son tan amplios y dispersos que la moral empieza a desmoronarse, como ocurrió con el Imperio Romano. Ayer los conductores echaron de menos más información y alguna alternativa. Pero solo veían delante luces de freno.