El Obradoiro cerró el año con un sabor muy dulce, el de una victoria laboriosa, peleada con una fe inquebrantable al abrigo de una afición colosal que creyó tanto o más que el equipo. Ni las discutidas decisiones arbitrales de Santiago Fernández y García Leal rompieron la fiesta. Porque eso era Sar a la conclusión del encuentro, una piña en la cancha y un enorme molinillo de bufandas al viento en la grada. Los primeros veinte minutos no fueron vistosos, pero sí intensos y peleados a degüello. Y lo mismo podría decirse de los siguientes. Sobre todo de los tres últimos, jugados con el tensiómetro en la mano. El primer cuarto se movió en una línea de mucha igualdad. Curro Segura tardó un par de minutos en sacar a Terry para que reapareciese Jackson, en parte porque el de Carolina del Norte se desentendió en una acción defensiva y en parte para tratar de meter más kilos y centímetros dentro de la zona ante un rival que, sin Moiso, carece de un pívot dominante bajo los aros. Jackson comenzó más activo en ataque que en la retaguardia, y se le notó la inactividad. Pero incluso lejos de su mejor nivel se nota su presencia sobre la pista. El Bilbao Basket, sin encontrar un golpe de pedal fluido en ataque, llegó a irse de cuatro en el electrónico. Y consiguió endosar dos faltas personales en el debe de Stanic. El Obradoiro no se descompuso. Dos triples consecutivos de Kostas Vasileiadis, contrarrestados por uno de Blums casi sobre la bocina, dejaron el marcador en tablas al final del primer acto. Con Stanic en el banquillo y Aguilar al volante, el colectivo de Curro Segura consiguió abrir una brecha de diez puntos que llevó el delirio a la grada: un vuelo sin motor de Bulfoni a aro pasado; un rebote ofensivo de Jackson y una racha de Djedovic hicieron saltar la luz de alarma en el banquillo vasco. El Obradoiro, que recurrió en este segundo cuarto a la defensa zonal, volvía a incomodar a su adversario. Pero el Bilbao, a diferencia de otros equipos, no se obcecó con los triples. Visto que no acaban de entrarle (3-12 al descanso) tuvo la paciencia necesaria para buscar las penetraciones hacia la canasta. Y también supo enviar balones al poste bajo cuando Stanic se quedaba debajo del aro y Hettsheimeir o Jackson salían a tapar en la primera línea de defensa. Los galones de Mumbrú Así fue limando diferencias, hasta ponerse a tres tras un triple de Mumbrú desde siete metros. Respondió Stanic en la última posesión con una canasta de dos que dejaba todo en el aire para la reanudación: 38-33. En el tercer cuarto el Obradoiro cargó más el juego interior y volvió a amagar con despegarse cuando puso el 51-43, pero el conjunto vasco resistió al amparo de dos valores seguros, Banic y Mumbrú. Cuando peor pintaban las cosas para su equipo, ellos asumían la responsabilidad. El conjunto santiagués abrió el último cuarto con seis puntos de renta, pero con cierta espesura en ataque. Veía como el Bilbao limaba y amenazaba, y más tras un discutida personal acompañada de técnica a Curro Segura que significó un parcial 0-5. Se adelantaban los vascos: 65-67. Pero el Obradoiro es campeón en fe. Aguantó incluso tras un triple de Salgado que lo dejaba cuatro abajo. Y, liderado por un inconmensurable Hettsheimeir (cinco puntos en ese cuarto y un camión de rebotes de capital importancia) amarró la sexta victoria del curso. El Bilbao buscó personales rápidas, pero Vasileiadis no falló. Solo marró Stanic, con 75-73, y allí estaba Hettsheimeir para capturar y dar vida. De nuevo hubo milagro en Sar, con delirio en la grada.