«La parte funeraria del negocio es una más, no nos afecta»

SANTIAGO

Los hijos de Hipólito Rodríguez aprendieron a tratar el mármol a base de empezar por abajo en la empresa; hoy, Javier hace las labores de gerente

15 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando alguien piensa en el negocio del mármol y el granito piensa en encimeras, fachadas o ventanas. Sin embargo, de vez en cuando, Hipólito y Javier han tenido que enfrentarse a una parte del sector más desconocida: el mundo funerario. No en vano, de piedra son, por ejemplo, las lápidas que sellan las tumbas. Aunque para muchos sería cuando menos extraño vender lápidas y epitafios, para esta familia, como para el resto de trabajadores del sector, es algo normal.

«No nos afecta, lo que cohíbe a veces es la relación con el cliente, porque te enfrentas a sentimientos. Lo único que puedes hacer es tener una reacción de tranquilidad, de sosiego, y tratarlo con cierta delicadeza», explica Javier, la segunda generación de una empresa que abrió sus puertas a inicios de la década de los 70. Él comenzó, como el resto de sus hermanos, por los puestos más sencillos dentro de Mármoles del Río, para poco a poco ir subiendo en el escalafón. «Comencé como peón cuando tenía 15 años», recuerda Javier, para después añadir que «empezamos desde abajo, que es como hay que empezar». La firma comenzó trabajando el terrazo, y poco a poco fue evolucionando, sobre todo con la entrada de las nuevas tecnologías en la nave de Marrozos. Hoy en día, la instalación de encimeras de cocina copa el 60% de un negocio orientado al mercado de los particulares y sobre todo de la vivienda unifamiliar. Y es que también instalan fachadas, escaleras, ventanas o cuartos de baño.

Javier jamás se planteó dedicarse a otra cosa que no fuese el negocio que había creado su padre, y que en 1995 se trasladó de una nave alquilada en Marrozos a una propia en la misma parroquia compostelana. Lo que no sabe es si habrá una tercera generación de Del Río al frente de la factoría. «En principio lo que pensamos es que la segunda generación estará aquí hasta que puede y después alquilaremos la empresa. Si alguien de la tercera generación quiere dedicarse a esto estaría bien, pero lo más probable es que la gestión sea externa», explica Javier.

Y es que la formación que ellos adquirieron trabajando codo a codo con su padre ya no se ha transmitido a los siguientes Del Río. «No tenemos carrera universitaria, aprendimos trabajando», aclara Javier. Por eso, cuando su padre llegó a los 50 años, comenzó a ceder terreno poco a poco, hasta que sus hijos se quedaron al frente de la empresa.

Hoy en día, trabajan en Mármoles del Río nueve personas. «Llegamos a ser 15», explica Javier. Sin embargo, la llegada de la tecnología y el fin del trabajo totalmente artesanal obligó a reducir puestos de trabajo. El hombre fue sustituido por la máquina. Primero se quedaron en 13. Después se fue reduciendo hasta quedarse en los 9 actuales.