Los contratados no tienen días libres ni vacaciones y su sueldo corresponde a un porcentaje de la caja
SANTIAGO
Los taxistas asalariados son, según fuentes de la asociación, 136 en Santiago. Pero en la entidad solo están agrupados medio centenar debido a las presiones de los propios titulares de taxistas. El elevado número de empleados para las 147 licencias de la ciudad se explica porque un mismo taxi cuenta con, al menos, dos conductores. Cada conductor trabaja por turnos y en algunas ocasiones las horas al volante pueden ser de hasta doce diarias de todos los días del año. Por supuesto, los días libres o las vacaciones no existen, ya que los taxistas empleados cobran un porcentaje de caja de entre el 30 y el 35%, pero no tienen una nómina fija. «Si no trabajas, no cobras», apunta Manuel Sánchez, portavoz del colectivo. Esta situación hace que la mayoría de los conductores asalariados no tengan días libres, lo que repercute en el servicio. Toda esta situación podría regularse en la normativa local y, según insisten los taxistas, no lo impide la normativa nacional. Prueba de ello es que otras ciudades tienen regulado, por ejemplo, el día libre por licencia. Transferencias Incluso van más allá y apuntan que hay normativas locales que fijan cuestiones como impedir que un taxista titular se quede con la licencia después de alcanzar la edad de jubilación. Este es el caso de ciudades como Valencia, Bilbao o Málaga, donde el Concello establece un precio fijo para las transferencias. Este precio se reparte entre una parte para el Concello y otra para el titular. En Santiago, según denuncian los taxistas empleados, se han realizado transferencias por valores de entre 200.000 y 240.000 euros. Pero incluso estas transferencias tienen que cumplir unos requisitos fijados en la normativa local, que son, entre otros, ser conductores con una antigüedad de un año como mínimo en la licencia a adquirir y tener el permiso del Concello. Los asalariados aseguran que Raxoi hace «la vista gorda» y no controla ninguna de estas condiciones. Otra de las críticas al funcionamiento del sector del taxi está relacionado con los controles que el Concello debería hacer sobre los propios conductores. Según la norma local, para conducir un taxi es preciso tener un permiso emitido por el Ayuntamiento que se puede hacer después de un año empadronado en la ciudad. Estos permisos hace años que no se convocan y, en la actualidad, hay numerosos conductores sin esta licencia, según los portavoces de la entidad. La escasez de vehículos en determinadas franjas horarias es una realidad denunciada por los conductores. Estos reconocen que, en determinados momentos y en sitios concretos, es complicado conseguir un taxi. El estudio de la USC indica que las paradas más activas son las de la praza de Galicia y la praza Roxa, que forman parte del primer grupo en actividad del que también forman parte las situadas en la avenida de Figueroa, estación del ferrocarril y la Travesa de Dúas Portas. En estos casos, la actividad de las paradas está vinculada fundamentalmente a la concentración comercial, turística y de ocio. En el resto de las paradas, salvo la de Fontiñas, se registra una actividad menor. Dentro de las paradas consideradas periféricas, las de los hospitales Clínico y Provincial y las del aeropuerto y Palacio de Congresos cuentan con una actividad alta. Tarifas Una de las cuestiones que se analiza en el estudio de la USC es la percepción de los usuarios de que el taxi es caro en Santiago. Según este estudio, en la comparativa de los precios de bajada de bandera con otras ciudades se observa que «efectivamente os prezos aplicados en Compostela son dos máis altos de España». En el informe se propone una bajada de los precios para potenciar el uso de este medio de transporte. Aún así, dada la dificultad para llevar a cabo esta medida, se sugiere congelar el precio durante varios años para conseguir aumentar la demanda.