Las cubiertas de hormigón son el peor problema de la Catedral

Concha Pino

SANTIAGO

El Plan Director está pendiente de su aprobación definitiva, catorce años después del inicio de los trabajos

25 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Catorce años después de que el equipo de arquitectos formado por Rafael Baltar, Bartolomé y Almuíña iniciara los trabajos preliminares para el Plan Director de la Catedral de Santiago, el documento operativo que desmenuza las necesidades, problemas, patologías y deterioros estructurales, de sus bienes muebles y de los usos del conjunto que forman la basílica y el edificio anexo del claustro, está listo para su aprobación definitiva por la comisión de gobierno municipal.

Los estudios los retomó en el 2005 un equipo dirigido por el arquitecto Javier Alonso de la Peña, y acabaron en mayo de este año. Esta fase, que se ejecutó mediante un convenio a partes iguales entre la Consellería de Cultura y el Cabildo catedralicio, hace un exhaustivo diagnóstico del conjunto y propone las medidas que se deberían acometer como consecuencia del pormenorizado chequeo. Y hace una estimación de los costes, que cifra en algo más de 20 millones de euros, sin aplicar el IVA. Lo más revelador del documento es que calcula que todas las intervenciones previstas podrían estar resueltas en doce años si la Catedral compostelana recibiera dos millones de euros por año. Y eso contando con los estudios y proyectos específicos que se necesitarían para determinadas obras.

El Plan Director sistematiza un programa de rehabilitación amplio y menos complejo de la que cabría esperar de un monumento que no se puede abarcar en su totalidad. Las deficiencias y las correspondientes soluciones están documentadas y analizadas una a una.

Las filtraciones de humedad por la base de algunos muros, en algunos lienzos de fachada y en puntos de las cubiertas son focos constantes de deterioro que urge atajar cuanto antes. Como otras acciones menos visibles pero de gran relevancia como consolidar elementos de piedra o encintar otros con morteros adecuados.

Abordar algunos problemas estructurales es lo más difícil y complejo, sobre todo porque la propuesta que hacen los técnicos es sustituir algunas partes de hormigón que se realizaron a medidos del siglo pasado en las cubiertas. Hacerlo con garantías exige, como de hecho plantea el Plan Director, estudios y análisis especializados, y la instalación de sensores, en la misma línea que se está haciendo en el Pórtico de la Gloria, pero en este caso ante eventuales desplazamientos en los elementos de apoyo de las cubiertas del claustro. El hormigón afecta negativamente a las numerosas capillas y bóvedas del templo.

La priorización ordenada de las intervenciones se considera fundamental, sobre todo por la experiencia de pasadas restauraciones. Las plantean en tres grupos, calificando la mayor o menor urgencia de realizar unas u otras en cada uno, y presentando un abanico de opciones para poder abordarlas considerando los medios y los intereses.