José Miguel Martínez Campos, acusado de matar a sus padres, ingresó en la cárcel ourensana en la medianoche del jueves
17 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.José Miguel Martínez Campos se encuentra desde la medianoche del jueves en la prisión ourensana de Pereiro de Aguiar, acusado de haber acabado con la vida de sus padres en la tarde del pasado 25 de abril, cuando ambos se encontraban en su residencia habitual de Amendo (Taboadela).
El presunto parricida, de 36 años, había estado declarando ante la magistrada del Juzgado de Instrucción número 3 de Ourense desde la nueve y media de la noche del jueves, después de permanecer incomunicado en los calabozos de la comandancia de la Guardia Civil desde el martes, cuando fue detenido en Allariz por agentes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.
Pese a que ni en sus primeras declaraciones a los investigadores ni en su declaración ante la jueza del caso ha reconocido el acusado los cargos que se le imputan, las pruebas que han conseguido en su contra los investigadores han resultado suficientes a juicio del fiscal, que solicitó su ingreso en prisión preventiva, que fue autorizado por la magistrada.
No estuvo de copas
Y aunque poco ha trascendido sobre los avatares de una investigación que hasta hace unos días parecía atascada -aunque siempre se sospechó de que el hijo del matrimonio podría ser el autor del crimen- sí que se ha podido confirmar que a día de hoy Martínez Campos no tiene ninguna coartada que le impida ser el principal sospechoso.
Así, la mujer que en su día aseguró a los investigadores que la tarde del 25 de abril estuvo tomando copas por Maceda con el sospechoso, concediéndole una coartada fundamental, acabó por derrumbarse tras ser detenida y permanecer dos días en los calabozos y terminó confesando -eso ocurría en la misma tarde del jueves- que mintió al decir aquello. En realidad, María Rosa Rodríguez, de 35 años, reconoció que aquel día ni siquiera vio a su amigo, aunque aseveró que Campos nunca le dijo ni una sola palabra sobre el crimen de sus padres.
Desmontada su coartada para la tarde de autos, parecía más probable que el presunto parricida también se derrumbara y terminase por confesar. Esa era la esperanza de los investigadores, aunque, pese a presentar un aspecto cansado y muy demacrado al llegar a dependencias policiales, el imputado no aclaró ni a los agentes ni a la magistrada un solo detalle sobre la tarde de las muertes. Su declaración judicial, de hecho, apenas duró media hora.
Eso sí, la imputación del doble homicidio, al que se aplicaría entre otras la circunstancia agravante de parentesco, obligará al acusado en un plazo de unos meses a comparecer ante un tribunal de jurado. Es posible que las penas de prisión que se soliciten para él superen los quince años.
Distinta, al menos de momento, ha sido la suerte de la presunta encubridora de Martínez Campos. Pese a que ha reconocido que se prestó a apoyar la coartada de un hombre sospechoso de un doble parricidio, la mujer ha sido puesta en libertad con cargos, aunque será citada nuevamente al juzgado y, se prevé, será procesada por su conducta.