09 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.
El portavoz de la asociación convocante de la huelga judicial de ayer la justificaba con el argumento de que «queremos preservar nuestra dimensión de poder del Estado». Lo que cuadra mal, muy mal, con el recurso a la huelga, que no es sino un instrumento de presión. ¿Contra quiénes se rebelan los jueces? ¿Contra el Ejecutivo, que es otro poder del Estado? Nadie niega las carencias de la Justicia, la administración pública peor dotada. Pero tan innegable como el incremento de la dotación presupuestaria y de la planta judicial. Y si el paro de febrero fue apoyado por todos, el de ayer dejó en soledad a la asociación conservadora. Lo que da un tinte político a la protesta que, unido a su inoportunidad, le quita cuanto tenga de razonable.