El ex bancario presentó otra solicitud para obtener un permiso que puede autorizarle a salir, por primera vez y durante unos días, de la prisión de Teixeiro
12 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Durante años, José Rodríguez Casal perfeccionó una estrategia de ocultación de la banca paralela en la sucursal bancaria que dirigía en Santiago hasta que en 1991 estalló en sus manos la más importante estafa bancaria en la historia de Compostela, evaluada en más de seis millones de euros. Pese a su habilidad para engañar a sus superiores, para quienes era un número uno, y a sus clientes, que confiaban en él hasta el punto de entregarle importantes cantidades de dinero sin pedirle recibos, no afloró ningún indicio serio de que Pepe, el del Pastor, se hubiera hecho rico con la macroestafa. Ahora, el agosto del bancario se limita a obtener un permiso de tres días que le permita salir de la prisión de Teixeiro y atisbar el verano más allá de los muros del centro penitenciario.
Rodríguez Casal fue condenado en abril del 2006 a ocho años de prisión por un delito continuado de apropiación indebida y otro de falsedad. Asimismo, la sentencia de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial, con sede en Santiago, le impuso una indemnización de 1.378 millones de pesetas al Banco Pastor, cantidad que no abonará porque se declaró insolvente. Esta indemnización era la compensación a la entidad financiera por la devolución de cantidades que tuvo que realizar a los clientes estafados. El 28 de diciembre del 2007, día de los Santos Inocentes, Pepe, el del Pastor, ingresó en la prisión de Teixeiro y allí sigue, quemando los días sin tener prácticamente contacto con otros reclusos, entre lecturas y paseos por el patio.
Sin embargo, ahora, después de casi diecinueve meses entre rejas en Teixeiro, a los que hay que sumar los trece meses de prisión preventiva que cumplió en el centro penitenciario de A Coruña tras entregarse a la policía en 1992, el ex bancario tiene la posibilidad de salir con su primer permiso bajo el brazo. Es un recluso de segundo grado y, por tanto, tiene derecho a un máximo de dieciocho días por semestre, siempre que reúna las condiciones que para ello establece la Ley General Penitenciaria, en esencia, que esté certificado el buen comportamiento del interno, que no exista riesgo de fuga y que haya cumplido al menos la cuarta parte de la condena. Pero, Pepe, el del Pastor, de 83 años de edad, buena conducta en Teixeiro y que no puso pies en polvorosa cuando pudo hacerlo durante los muchos años que transcurrieron hasta que la Audiencia lo condenó e ingresó en prisión, no ha tenido suerte.
Primero, solicitó el tercer grado penitenciario, paso previo a su puesta en libertad condicional, pero fue denegada por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias hasta en dos ocasiones y pese a que la Junta de Tratamiento de Teixeiro había emitido informe favorable, toda vez que los especialistas consideran que difícilmente Rodríguez Casal tendría la posibilidad de volver a delinquir y, además, jugaba a su favor su avanzada edad. El tercer grado le permitiría disfrutar de los beneficios de este régimen de semilibertad. En su contra, el alcance de la estafa y no haber indemnizado al Banco Pastor en cumplimiento de la sentencia.
Y, en segundo lugar, en enero de este año solicitó -no podría considerarse ni siquiera la consolación tras la negativa del tercer grado- un permiso que podría ser de tres a siete días. Paradójicamente, la Junta de Tratamiento de la prisión, en este caso sí informó desfavorablemente.
Actualmente, José Rodríguez Casal tiene en trámite la solicitud de otro permiso que podría abrirle la puerta de Teixeiro de inmediato. Podría disfrutar de tres días de permiso cuando le restan menos de dos años de tiempo efectivo de reclusión para cumplir su pena. Mientras, y si no quiere darse por vencido, no se ha cerrado del todo la vía para que pueda volver a pedir el tercer grado.
La macroestafa que acabó con Pepe, el del Pastor entre rejas se remonta a la década de los 70. José Rodríguez Casal, con una impecable hoja de servicios y con el aprecio de todas las personas con las que trataba en su vida profesional, fue nombrado en 1975 director de la sucursal número 1, sita en la calle República del Salvador, junto a la plaza Roxa. Era una de las agencias más activas de la entidad financiera y su director presentaba año tras año unos resultados excelentes. Las irregularidades, en forma de banca paralela, pudieron comenzar en esa época, a base de ganarse la confianza de los clientes. Pepe ofrecía unos intereses por encima del mercado y captaba grandes cantidades de dinero. El «negocio» se le fue pronto de las manos, cuando la bola de nieve comenzó a rodar y a hacerse cada vez más grande. Captaba depósitos que tenía que destinar a retribuir los correspondientes vencimientos, y así en una cadena interminable.
El gran fraude estalló cuando a Rodríguez Casal le llegó la jubilación, en 1991. Entonces redactó una carta en la que confesaba las irregularidades y estimaba la cantidad evaporada en sus operaciones al margen de la contabilidad oficial del banco en unos mil millones de pesetas. El 7 de enero de 1992 se entregó a la policía en Santiago. Comenzaría entonces una larguísima instrucción judicial en el Juzgado número 1 de Santiago, que cambió varias veces de titular mientras tanto, hasta que en septiembre del 2005 se sentó en el banquillo de los acusados.