«No hay recetas mágicas, hay que atender y escuchar»

SANTIAGO

La profesional imparte desde ayer un taller sobre comunicación entre padres e hijos adolescentes

28 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

María José Blanco Freire, psicóloga de la UMAD (Unidad Municipal de Atención a la Drogodependencia), impartió ayer la primera sesión de un taller de cuatro días dirigido a la comunicación entre padres de hijos adolescentes.

-¿El taller se enmarca en la labor de la Unidad?

-Está enmarcado en la Escuela de Padres, que desarrollamos desde hace muchos años. Nuestro formato es temático y hacemos tres talleres anuales con temas diferentes, propuestos por los padres o por nosotros al considerar que pueden ser útiles en la prevención de conductas conflictivas. El de comunicación es una demanda de los padres.

-¿Son reales las dificultades de comunicación o hay mito en este tema?

-Los padres perciben la dificultad de la comunicación, es un asunto que preocupa a los padres, como la sexualidad o las drogas. En la adolescencia hay una serie de cambios a los que toda la familia tiene que ajustarse. A veces no son muy significativos, pero otras veces los padres detectan que chicos muy comunicativos empiezan a mostrar otras conductas que, en un momento en que los padres se preocupan mucho, examinan con más detenimiento. Es la edad en la que la familia deja de tener tanto peso y empieza a tenerlo el grupo de iguales. Cuanta más necesidad tienen los padres de saber, menos necesidad tienen los hijos de comunicar.

-¿La preocupación extrema puede chocar con la intimidad de los hijos?

-Es posible. Lo que ocurre es que es una edad en la que los padres suelen estar muy preocupados por lo externo. Este taller intentan dar pautas para manejar esta preocupación, la supervisión de los comportamientos y de las amistades respetando que el adolescente va necesitando autonomía e independencia. Se trata de buscar el equilibrio.

-¿Cómo se consigue ese equilibrio?

-Con trabajo y estando pendientes. No hay recetas mágicas. Hay herramientas educativas que ayudan, que facilitan la comunicación; y hay que atender y escuchar. El taller no garantiza que los adolescentes no vayan a vivir un período de agitación o que en la familia no vaya a vivirse un ajuste. No significa que no aparezcan dificultades, se trata de aprender a afrontar las dificultades de comunicación.

-¿Qué hacer para abrir la comunicación?

-Existen habilidades para afrontar los sentimientos, estrategias para escucharles y que nos escuchen. Los padres se quejan de que no escuchan. El problema suele estar en cómo transmitimos el mensaje. Hay que cambiar patrones, los que valían, ya no valen.

-¿Padres e hijos están en registros diferentes?

-Muchas veces padres e hijos no coinciden en el cómo y cuándo. Los adolescentes tienen una gran queja y es que los padres elegimos cuándo y cómo, y también de qué hablamos. Pero puede no haber coincidencia. Debido a la preocupación, los padres usan mucho el formato de pregunta y no atendemos a lo que nos están diciendo. Cuando una chica cuenta a su madre que está triste porque le ha dejado el novio por una amiga, la madre, con la mejor intención, dice «no te preocupes, ese chico no vale la pena», pero hay que atenderla: lo está pasando mal y tiene que saber que la comprendes.