El abuelo está hecho un chaval

SANTIAGO

El chasis original fue fabricado en 1912, el mismo año que se hundió el Titanic; fue restaurado a conciencia en los años 80; y hoy está en perfecto estado de revista

24 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

No es una exageración: el primer camión con el que contó el servicio de extinción de Santiago de Compostela es contemporáneo del Titanic. Sin embargo, a diferencia del malogrado trasatlántico, el vetusto De Dion Bouton, fabricado en 1912, disfruta de un retiro dorado en las instalaciones del cuartelillo de la estación de autobuses. Con 97 años en el chasis, el sueño con ruedas de cualquier niño que haya soñado un día con ser bombero está que da gusto verlo, restaurado y flamante. Ya casi ni siquiera se saca para las ocasiones; cualquier contratiempo de nada podría ser, para este vehículo casi centenario, una pulmonía mortal.

El De Dion Bouton de los bomberos compostelanos es, en realidad, un muerto resucitado, una mole de acero que ha vivido diversas épocas y diversas vidas y que, seguramente, dentro de otros cien años, cuando ninguno estemos, seguirá resguardado en el parque del servicio de extinción, donde quiera que se ubique para entonces.

De que el camión tenga tan buen aspecto son responsables un buen número de bomberos, entre ellos el jefe hoy retirado Cesáreo Rey Noya, un verdadero amante de cualquier cosa clásica que tenga ruedas.

Cuenta Cesáreo que el camión original se fabricó en 1912 en la localidad francesa de Puteaux, región de Isla de Francia, departamento de Altos del Sena, distrito de Nanterre. Durante varios lustros, el lugar de procedencia del vehículo, convenientemente recogido en la chapa que tiene colocada sobre el radiador, ha dado pie a todo tipo de comentarios como el que usted, que lee esto ahora mismo, está pensando; generaciones de bomberos le han llamado «El puteao». Eso sí, con todo el cariño.

Tanta solera tiene que, según explican los bomberos, hay una leyenda que sitúa el chasis original las calles de París alrededor de 1918, en la etapa final de la primera Guerra Mundial.

Después de eso, finalizado el conflicto, -esto también es leyenda, difícil de comprobar-habría sido vendido como sobrante de guerra. El Ayuntamiento de Santiago lo compró en 1925 en los talleres Barro de Chavín, en Viveiro, donde, seguramente, lo habrían carrozado.

Una de sus características más llamativas es que lleva el volante a la derecha. En la cabina solo hay sitio para dos personas y sobre la puerta izquierda, a la altura de la cabeza, tiene una campana que servía para abrirse paso: a la fantasmagórica velocidad de 28,5 kilómetros por hora en cuarta. Y, seguramente, cuesta abajo.

A Rey se le encienden los ojos cuando se le interroga por esta pieza de museo: «Cando o restauramos, na época na que Carlos Fernández era concelleiro, alá polo ano 84 ou 85, estiven buscando documentación. E atopei un manual que dicía: «Este vehículo tiene cuatro velocidades hacia adelante y una hacia atrás. Alcanza la gran velocidad de 28,5 kilómetros por hora». En una referencia que figura en los archivos realizada por un ayuntamiento asturiano que también lo había comprado se puede leer: «Sube la cuesta de Moreda sin signos exteriores de fatiga». La reliquia tiene, según dice Cesáreo Rey y avalan las páginas de coleccionistas que circulan por Internet, un valor incalculable: «Calquera concesionario ofertaría hoxe un camión moderno completo a cambio dese». Pero eso es impensable.