La asociación As Brañas de Andrés impartió una clase al aire libre ante el retraso en la apertura del local social del barrio
10 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El remodelado lavadero de Pelamios es el único refugio con el que cuenta la Asociación de Veciños As Brañas de Andrés para desarrollar sus actividades. Los vecinos, hartos de esperar, ayer decidieron mover ficha y trasladar a pie de calle una de sus actividades, que viene desarrollando desde hace meses en el local social de Vista Alegre, que le presta la Asociación Álvaro Cunqueiro. Se trata de una de las clases de informática que se celebran todos los lunes de 19 a 21 y de 21 a 23 horas, en las que participan fundamentalmente vecinos de Pelamios.
La de ayer era una clase de informática, pero habitualmente bajo la cubierta del lavadero se celebran las fiestas de San Juan y también acoge las reuniones de los vecinos que, en los días que no lo permite el clima, se realizan en los domicilios particulares de los directivos de la entidad. La directiva pretendía como su acción de ayer llamar la atención de las autoridades locales y provinciales para que agilicen los trámites que impiden la apertura de un local social, terminado pero cerrado a cal y canto a pocos metros del lavadero.
Aprovechando la protesta, varios miembros del ámbito urbano del Consello de Relacións Veciñais se sumaron a la iniciativa y celebraron una reunión de este organismo. Agustín Pena recordó que el 31 de enero preguntaron al alcalde, mediante un escrito, por los plazos, medidas y presupuestos para dotar de sede a las asociaciones sin locales. Ese mismo día instaron al alcalde a explicar la situación actual del Plan Urbana Norte. Por ahora no hay ninguna respuesta.
La directiva de As Brañas de Andrés viene peleando desde hace años para conseguir un lugar digno para sus actividades. Su lucha tuvo recompensa en el 2002, cuando la Diputación adquirió dos casas a pocos metros del lavadero. Pero la alegría duró poco, ya que las obras de rehabilitación no se contrataron hasta el 2006. Ahora, con la restauración acabada desde hace casi un año, los vecinos siguen a la espera de que la Diputación ceda el local al Concello para que este haga lo propio con la asociación. También esperan que se compren los muebles y se dote al local de aula de informática. La lentitud de las administraciones terminó con la paciencia de la asociación, que decidió llevar su malestar a la calle.