«Lo que más lamento es el tiempo que nos hicieron perder a mí y a otros, que es irrecuperable»

J. G.

SANTIAGO

«El hospital materno-infantil era una necesidad imperiosa para mejorar la situación de la sanidad de Santiago. El diseño era muy avanzado y el proyecto se estudió y discutió mucho», afirma José Peña, su principal impulsor.

-¿Cómo surgió la idea de edificar aquel hospital?

-Influyeron varios factores. El hospital empezó a ser cada vez más utilizado al ampliarse la cobertura de la sanidad pública, había más demanda y el hospital de Galeras resultaba muy insuficiente, no reunía condiciones: no había salas de espera, se tenía que estar en el pasillo; faltaba sitio para las madres; no existía privacidad; en partos eran frecuentes las camas supletorias y la ocupación superior al 100%. El espacio medio era de 4 metros cuadrados por cama o cuna. Había riesgos de transmisión de enfermedades, como la meningitis, en el propio hospital, pues teníamos problemas de aislamiento; y la mortalidad infantil era de 17,7 por mil en el primer año de vida, superior en más de 4,5 puntos a la española; y muchas urgencias, entre otros problemas.

-¿Y por qué un centro materno-infantil?

-Se pensó en segregar un área, que permitiese ganar más espacio en el Hospital Xeral, y la materno-infantil parecía la más adecuada. Era el período de construcción de maternidades en España y otros países de Europa, y en Estados Unidos. Se pensó en un hospital con todos los servicios y detalles para niños y madres: desde la asistencia primaria a psicomotricidad, enfermedades genético-metabólicas, vacunación, puericultura, estimulación, diagnóstico, urgencias, hasta detalles de decoración interior. Eran unas 200 camas y había alguna habitación blindada para atenciones que requiriesen su utilización.

-¿Fue difícil conseguirlo?

-Inicialmente el Concello y la Universidad apoyaron. Después se convenció a una comisión provincial de autoridades.

-¿Cómo se edificó?

-Se encargó el proyecto a María Pérez Sheriff y Gerardo Calviño, que vinieron muchas veces a Santiago; y desde aquí hicimos muchos viajes para perfilar todos los detalles de un hospital que tuviese lo más moderno y dejase incluso espacios libres para incorporar avances en el futuro. El Ministerio de Educación financió el edificio. Faltaba su dotación por Sanidad. El ministro García Vargas y director gerente del Hospital Xeral, Pedro Mariño, mantuvieron su apoyo cuando después las instituciones locales se opusieron.

-¿Cómo recuerda aquello?

-Lo que más lamento es el tiempo que nos hicieron perder a mi y a otros, que es irrecuperable: sobre todo José María Fraga, Rafael Tojo, toda Pediatría; además de Ginecología, con Alejandro Novo al frente.