«Los dentistas somos pacientes muy malos en la consulta»

SANTIAGO

Haber visto a su padre hacer empastes y limpiezas desde que era pequeña llevó a Cristina Gelabert a seguir también el camino de la odontología

18 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Al entrar en la clínica dental de Manuel Gelabert solo se adivina que es una consulta por el característico olor a esterilización. Este odontólogo de 51 años lleva dos décadas arreglando dentaduras de compostelanos de todas las edades. Y desde hace unos meses, su hija Cristina, que tiene 23, ejerce en la misma consulta.

«Siempre me atrajo la odontología. Además de querer estudiar algo relacionado con la rama sanitaria, me influyó ver desde pequeña a mi padre en la consulta». Él descubrió su vocación oculta en una época en la que el paro era una constante. «En el año 82 acabé la carrera y abrí la clínica», recuerda Manuel.

Actualmente, en el número 34 de Doutor Teixeiro trabajan cuatro profesionales. Manuel y Cristina se dedican a la odontología general, y con ellos ejercen un cirujano maxilofacial y un ortodoncista. Sin embargo, Cristina ha decidido especializarse también en ortodoncias y actualmente compagina su trabajo en Compostela con un máster oficial en Ortodoncia Avanzada que imparte la Universidad Europea de Madrid. Tardará cuatro años en completar su formación, y sus planes a corto plazo son seguir trabajando con su padre. «La gente tiene miedo de terminar la carrera y establecerse por su cuenta», comenta. Como en todas las profesiones, es necesario un tiempo de rodaje que ella ya ha comenzado a adquirir.

En la clínica del doctor Gelabert pueden entrar alrededor de 15 pacientes diarios. Aunque muchos son fieles y llevan años con él, también se nutren de nuevos clientes. «Si solo trabajas con la misma gente, te estancas», comenta Manuel. Sin embargo, conservar los pacientes es complicado. «Hay que ser muy exquisito en el trato». Y es que en la comarca compostelana hay establecidos alrededor de un centenar de dentistas. Echando cuentas, tocan a 1.000 pacientes por cada profesional de la salud bucal.

Precisamente, Cristina y Manuel aseguran que la salud de los dientes de la población ha mejorado mucho en los últimos tiempos. «Los niños que se ven ahora no tienen los problemas de antes». Son pocos los que llegan con la boca hecha polvo, y la mayoría tienen más de 30 años.

Los hábitos higiénicos influyen en gran medida en las condiciones bucales de la población. Aunque la mitad de los pacientes continúan pidiendo cita con su dentista solo cuando tienen molestias, muchos ya se han comprendido que la prevención lo es todo «y ayuda a evitar problemas y tratamientos futuros», explica Manuel Gelabert.

Él sabe bien que en 20 años, las cosas han cambiado. Poco a poco se va perdiendo la imagen del sacamuelas, y casi nadie tiene miedo de sentarse y abrir la boca. Los niños, los que menos. «Solo tienen miedo si vienen influenciados por el nerviosismo de sus padres».